En realidad, son un grupo de jugadores de casino, que llevan años apostando con dinero que no es suyo”. Desde abajo, vemos caer a algunos de su enorme mesa, pero con la certeza de que la partida va a continuar. La imagen es sugestiva y la voz que la pronuncia, hablando desde su productora Sixteen Films, es la de Ken Loach (Warwickshire, 1936), el director que lleva más de 40 años contándonos las grietas y llagas que va dejando el capitalismo en la gente.Este marxista convencido, que conoce bien las derrotas de la izquierda, habla, desde su estudio en el centro de Londres, de la crisis financiera internacional que considera una consecuencia natural “de la inestabilidad del sistema, de que el capitalismo no es ni puede ser la respuesta”. No le falta escepticismo, pero tampoco mano dura.

“Lo que mueve al capitalismo y a las inversiones son los beneficios y no la ética. Y ambas cosas no pueden estar juntas, son irreconciliables”, recalca el director, que ya lo había dejado claro en películas como La cuadrilla (2001) sobre el proceso de privatización de los ferrocarriles británicos.

La deshumanización (y casi animalización) que siembra el capitalismo y que nos enseñaba en su última película, It´s a free world, también está en la manera en que los medios están contando este colapso económico. ¿Qué falta para que esta crisis pase de los titulares de las secciones de economía a la calle? ¿qué para que la sociedad tome la voz? “Los efectos directos sobre la gente todavía no han llegado. Creo que veremos a la gente saliendo a la calle cuando los empleos y los servicios empiecen a colapsar, cuando se deje de hablar de la banca. Serán las consecuencias de ese colapso y no el colapso en sí, lo que saque a la gente a la calle”, dice Loach.

Y mientras, la izquierda no hace nada. No dice demasiado. No se oye una voz más alta que otra, en las filas de lo que Loach define como “una izquierda cansada de tanta derrota”. “Debería ser la oportunidad de la izquierda, pero también lo fue la guerra de Irak y no se aprovechó”, dice quien tiene en el grupo Respect, la plasmación no fílmica de sus ideas. “La izquierda ha tenido un largo periodo de derrotas y de líderes sindicales que no han dado la talla. Hay una sensación de que no se puede ganar y ese es un problema”.