A Elizabeth Cabrera y Nenahd Teodorovic

asesinados Camino a Cerro Moreno, Antofagasta

Sólo el desierto y las ráfagas, nadie vio la huida,

revolcados de arena y sangre, esposados,

amarrados los pies, no hubo más testigos

que el atardecer.

Acribillaron a los inocentes que no pudieron erguirse.

Culpados de amor por los que odian.

Nadie vio los fusiles destruir esas carnes,

que fueron una, bajo la infinitud de la caricia,

dentro del beso fuerte de la vida para la vida.

Tres minutos para abandonar al hijo recién nacido,

sólo tres malditos minutos que hicieron más malditos

y criminales a las bestias masacradoras

uniformadas de vileza.

Nadie los vio, sólo los verdugos, dicen que:

“huían los facinerosos”.

Que escapaban de la justicia,

"criminales de guerra", pero,

fueron dos enamorados que expuestas y abiertas las flores

de su cuerpo,

sellaron el pacto del amor, abriendo la puerta de la libertad.

Eduardo Díaz Espinoza