MÚSICA

Leopoldo Luis

AzotobacterTender puentes es tarea difícil. Nuestro tiempo, sin embargo, no pone reparo en asumir misión tan ardua. Y lo hace de manera espontánea, diría yo. A pesar de los pesares. Es duro cambiar esquemas; pero dureza mayor hay en la impronta de las ideas, si por diversas claman insistentes a favor de la inclusión y la pluralidad. Tendrán que ser puentes altos, eso sí. Capaces de remontar las fronteras y los muros, por infranqueables que parezcan. De muchas maneras pareciera estar gestándose esa estructura resistente; base de un puente intercultural en el que se entrecruzan géneros, tendencias y estilos. De todas partes. No importa el signo. Soy de quienes sostienen el criterio de que el arte, si fabricado por cubanos, es de Cuba.
El Salón Rosado de La Tropical, que acogió durante décadas a cuanto vale y brilla en el firmamento de nuestra música popular bailable, cede su plaza desde hace meses a los conciertos que organiza la Agencia Cubana de Rock, no sólo protagonizados por las bandas que integran su catálogo, sino por las que arriban de territorios distantes a difundir sus propuestas.
Cierto que la mayoría de estas agrupaciones cultivan el género dentro de un rango limitado del espectro: las llamadas “tendencias extremas” del metal. Subgéneros que se desgranan y evolucionan a partir de los 80, siguiendo la pista de bandas que lograron imponer una sonoridad provocadora durante la década anterior, a la que muy pronto los críticos dieron en llamar heavy metal, por la dureza, densidad, y sensación de “pesadez” que desplegaban en sus discos. Pero si el rock’n’roll, por su naturaleza, es casi inabarcable en cuanto a riqueza y variedad estilística, razón de más resulta para legitimar la estética del gremio metalero. Centenares de jóvenes abonando puntualmente los veinte pesos --moneda nacional-- que les cobran a la entrada, hacen prueba irrefutable de salud y mérito suficiente para que se les garantice el espacio. Algo así ocurrió en la tarde y noche del último día de mayo, en ocasión de un reducido pero dinámico festival.

BRUTAL FEST
BlinderLa noticia me llegó por diferentes vías: la presentación tendría lugar en el Salón Rosado de La Tropical, el sábado 31 de mayo de 2008, con la participación de todas y cada una de las bandas que incluye el fonograma Not salsa, just brutal music: Cuba’s hardest, suerte de “producción príncipe” del sello independiente Brutal Beatdown Records, nacido en Francia y dirigido desde La Habana, donde suele radicar David Chapet, su figura visible.
Brutal Beatdown Records centra en la escena hardcore y el metal facturado en Cuba su foco de atención. No es de extrañar por ello que las agrupaciones escogidas se avengan con tales estilos: Escape, Médula, Blinder, Combat Noise, Switch, Demencia, Arrabio, Estigma, Azotobacter y Chlover. Una muestra consistente de cuanto se ha estado haciendo en el país a lo largo de la última década, si de underground se trata.
Subí por 44, tras descender de un P-5 cuando el reloj apenas rebasaba las cuatro. Anne y Yuri, en pleno ajetreo, me dispensaron una fugaz bienvenida. Ultimaban detalles, a cuenta de la Agencia, mientras se aprestaban los avíos de audio y el local se iba colmando de jóvenes de pelo largo y vestimenta oscura, cabeceando al ritmo de la música grabada. Un par de horas habrían de transcurrir todavía antes que Brutal Fest arrancara con todo su ímpetu sobre los asistentes. Para entonces --alguien rumió el comentario-- era segura la presencia de casi todos los grupos. Sólo Arrabio, la banda espirituana de hardcore, no acudió a la cita. No dijeron por qué.
Switch hizo honor a su nombre y conectó la línea. Banda joven, proveniente del occidente del país, aborda el metalcore con una línea dura, distorsionando e imprimiendo velocidad a la manera del thrash. Un tema como “Septiembre 11”, sin embargo, denota reminiscencias death en los timbres guitarreros. Utilizan el idioma español y pudieran avanzar todavía en la depuración de su estilo y conseguir un sello propio.
Estigma subió a la plataforma prometiendo “estigmatizar” al auditorio. Tal vez lo consiguió, moviéndose en una cuerda similar a la de sus predecesores, entre el hardcore punk y el thrash, sobre todo cuando acude a técnicas como el scratching, que tanto recuerda a clásicos como Anthrax y Metallica.
Terceros en la lista fueron los muy jóvenes matanceros que integran Demencia. Una agrupación encuadrada en el brutal death, con guitarras cimbreantes, máquinas de ritmo a toda velocidad y un cantante decidido a proferir auténticos death metal growls. “Evolucionaremos hacia lugares más oscuros y plagados con el virus demencial”, aseguran. Creo que lo lograrán…
De Villa Clara llegaron los de Azotobacter, de quienes --francamente-- nada más me disgusta el nombre. Había tenido oportunidad de escuchar un par de veces la propuesta de esta banda. Los recuerdo en Cuerda viva, el programa de televisión, pero nunca en directo. Su actuación fue toda una sorpresa. En dos minutos me invadió la increíble energía que despliegan estos músicos en escena, con un estilo cercano al thrash, pero en el que se descubren vetas del más auténtico heavy metal, adquiriendo por momentos tintes progresivos, con cambios frecuentes de tempo y limpios solos de guitarra. Ni el aguacero en ciernes consiguió aplacar su fuerza.
Médula, otra banda pinareña de hardcore --en la que resulta fácil encontrar huellas frescas del thrash--, hizo las veces de puente en el espectáculo. A partir de entonces, quedó servida la mesa para un banquete de agrupaciones con varios años de trabajo.
Blinder, del centro de la isla, comandados por un veterano de lides metaleras: Eric Domenech. Una década de fuerte presencia en nuestra escena rockera. Un estilo que fusiona los sonidos industriales con cierta atmósfera oscura que los acerca al black metal, aunque la voz cavernosa de Eric se ajusta por completo al death, para obtener un resultado bien contemporáneo.
DemenciaEscape, banda capitalina que completa ya ocho años de trabajo. Utilizan la velocidad y agresividad del hardcore y sonoridades propias del metal industrial. La inclusión de teclados y la recreación de cuerdas insufla un aliento gothic que le confiere a su música un carácter peculiar y distintivo.
Chlover, habaneros de exitosa trayectoria y ocasional presencia en los medios. Cambio de vocal y hardcore contundente que no puede eludir el soplo de un death metal de timbres lúgubres, voces tenebrosas, tempos que oscilan entre la densidad y el vértigo. Impresionante proyección escénica.
Y cerrando la noche: Combat Noise. Más de diez años ensanchando los límites del metal cubano con su death metal llevado a extremos brutales, en el que se atisban elementos del grind noise y el metal industrial. Riffs vigorosos y power chords, rematados por la voz gutural de su cantante, Juan Carlos Torrente. En contraste con la apatía de los medios, Combat Noise vive un momento de plenitud creativa, con una obra insoslayable dentro del panorama sonoro nacional que lo coloca, junto a Zeus, entre las bandas paradigmáticas del rock’n’roll cubano.

NOT SALSA, JUST BRUTAL MUSIC
Not salsa, just brutal musicSetenta y un minutos y medio de metal pesado, diez bandas y veintiún cortes, incluyendo los cincuenta y seis segundos que dura el interludio “The beginning of the end”, interpretado por Jennifer Hernández, tecladista de Escape. Tal es el material que integra Not salsa, just brutal music: Cuba’s hardest, la primera producción discográfica dedicada por entero a “las músicas extremas de Cuba”. Compilación que debe al esfuerzo de muchos, con especial distinción de su productor general y ejecutivo: el enigmático Capitán Beatdown, quien no es otro que el propio David Chapet, promotor y máximo responsable del proyecto.
Tanto la grabación de los temas, como la mezcla y masterización, fueron hechas en La Habana, entre los meses de marzo y diciembre de 2007; y aunque en el disco no se hace mención a los estudios empleados, merece la pena destacar la muy aceptable calidad del producto sonoro, tanto como el excelente diseño a cargo de Alejandro de la Torre --bajista de Escape--, en otro de sus roles profesionales.
Not salsa, just brutal music... constituye el debut del sello disquero Brutal Beatdown Records, y pretende ser “el paso inicial del underground cubano en la escena mundial”. Loable aspiración. Para un crítico prestigioso como Joaquín Borges-Triana, el CD “es ya un hecho histórico”. No exagera. Décadas transcurrieron sin que los cultores del metal en Cuba pudieran darse el lujo de exhibir un material digno. Valdría la pena recordar --honrosa excepción-- el Territorio libre que produjera Juanito Camacho a cuenta del Instituto Cubano de la Música y la Asociación Hermanos Saíz en el 2003, en ocasión del primer Caimán Rock, al que concurrieron agrupaciones representativas de diversas variantes del género, no sólo metal duro.
Not salsa, just brutal music… no ha obtenido, hasta donde conozco, licencia para su comercialización en la Isla. Aunque tampoco me consta que persigan tal objetivo. Por el momento se distribuye con intereses promocionales, que imagino incluyan la radio y otros circuitos en los que su reproducción masiva pudiera redundar en la divulgación de esa zona, casi virgen, del quehacer musical cubano. El megaconcierto --o el minifestival-- del 31 de mayo fue un saludable intento.
“En un contexto donde muy pocas manos y oídos prestan atención a las llamadas músicas ‘extremas’, mientras se privilegian géneros como la salsa y el reggaeton, el grito del underground cubano es una creación desconocida. Este disco es un puente que intentará sobrepasar ese muro de silencio”. Una verdadera declaración de principios impresa en la contracubierta del cuadernillo de doce páginas que incluye el fonograma --otro de sus logros destacables--, conteniendo fotos e información esencial sobre las bandas compiladas. Tendrá que ser un puente alto, ya lo dije. Pero me contaré sin falta entre sus puntuales transeúntes.

CUBA’S HARDEST
Switch¿Por qué goza el “metal extremo” de la preferencia de un sector apreciable entre los jóvenes? ¿Qué se esconde detrás de los acordes poderosos, las voces de caverna y las vibrantes guitarras? ¿Qué determina el rezago de otras formas, menos agresivas, de abordar el rock en Cuba? No tengo respuesta, pero el tema merece una reflexión más profunda que la que pudiera intentarse desde un comentario como este.
El metal es música de los sentidos, no del intelecto. Una banda que sube al escenario circundado de adolescentes pletóricos de brío, no puede aspirar a que el auditorio se siente a escuchar un texto de cierta hondura filosófica. Esencial resultan entonces la armonía, el timbre, el ritmo, cuyos efectos físicos suelen hacerse visibles en cuanto el headbanger se entrega a la violencia del slam, o se autoinduce esa especie de trance en el que se “libera” el cuerpo para dejarlo “fluir” al compás de la música, adoptando el gesto común del air guitar. ¿Quién que ha estado en un concierto de rock no ha tropezado con imagen semejante?
¿Quiere decir por eso que las letras que canta un vocalista de thrash o death metal carecen por completo de matices o valores literarios? Para nada. Aunque muchos grupos insisten en reiterar argumentos satánicos y holocáusticos para sus piezas; otros, en cambio, abordan la crítica social y tópicos afines con la realidad cubana, logrando establecer un canal directo de comunicación con el público. En no pocos casos se trata de textos concebidos con imaginación y holgura poética.
Sin embargo, una lectura posterior resulta obligatoria, si lo que se busca es interiorizar el contenido. Eso puede explicar la circunstancia de que la mayoría de las agrupaciones que cultivan el “metal extremo” escriban sus textos en inglés… y que, además, funcionen.
No ocurre lo mismo con géneros como el hip hop, mucho más cerebral, en el que la capacidad comunicativa deriva de la mayor o menor coherencia del texto --necesariamente en español--, que en los mejores casos llega a convertirse en una suerte de “poesía urbana”, recitada mejor que cantada. El aspecto musical no es aquí menor, pero sí secundario.
Tal vez pensando en eso Brutal Beatdown Records ha colgado en su sitio Web: www.brutalbeatdown.com las letras de todos los temas del disco, disponibles en descarga.
El metal es siempre emocional antes que racional. Temperamento, más que especulación. Pero no superficial, sino que muchas veces profundo en sus temáticas. Ora hermético, ora desenfadado. Siempre duro. ¿Vía de escape? Al menos cauce para desaguar contenciones, desconciertos, rabias. Estados de ánimo. A tono con ese espíritu de natural rebeldía que identifica a los jóvenes, y a quienes no estamos dispuestos a transar con la mezquindad y la desidia.