DECLARACIÓN PÚBLICA



CONSEJERÍA INDÍGENA URBANA



8 de enero de 2008



Niña Mapuche de Lonquimay, a mediados de los '70. La economía de las reservas apenas les permitía subsistir.
























Una vez más ha sido asesinado cobardemente un joven de nuestro pueblo, en
el marco de la recuperación de las tierras mapuche, usurpadas en un largo

proceso de invasión y opresión. Una vez más se busca impedir el
reconocimiento de los derechos colectivos de nuestro pueblo a su
territorio, sustento del ejercicio de la cultura.




El asesinato del peñi estudiante Matías Catrileo Quezada constituye un
nuevo crimen de Estado, por el cual éste pretende imponer, por el terror,

el régimen opresor que permite hoy la manutención del modelo neoliberal
exportador, que se levanta a partir del despojo de nuestros pueblos de
norte a sur-

.
Sólo en un país como Chile, el derecho a la vida se subordina frente al
derecho a la propiedad privada. Mientras los habitantes de las ciudades se

quejan de la indefensión en que las policías han dejado a la población, en
manos de delincuentes que operan impunemente, todos los esfuerzos del
aparato estatal se han centrado en reprimir a opositores desarmados y en

sembrar el terror entre los comuneros mapuche de todas los edades..


La muerte de nuestro peñi Catrileo, se ha producido inmediatamente después
de que el empresariado ha exigido al gobierno mayor represión a los

mapuche. Las autoridades chilenas se han errado al interpretar así su rol
de establecer un estado de derecho. En cambio, sólo han ejercido una
misión de defensa de las transnacionales y de los bienes de los
usurpadores, por la cual no recibirán ni la recompensa de éstos ni el

apoyo de los pueblos indígenas y chileno, los cuales repudian este
retroceso a los tiempos de dictadura.

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Los derechistas dueños de la prensa chilena (adueñados también de las
tierras que producen la celulosa con que editan sus mentiras) titula

"violencia mapuche", pero la única víctima fatal es mapuche. Ya sabemos de
dónde proviene la violencia y porqué se reprime a nuestro pueblo, pero no
debemos dejar que la opinión pública crea en los montajes publicitarios

que estos poderes usan en nuestra contra.

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Este asesinato de un joven mapuche empaña el accionar de un gobierno que
había dado inicialmente señales débiles pero positivas hacia el

reconocimiento de los pueblos indígenas y hacia la debida reparación del
despojo de que históricamente hemos sido objeto. Hoy nos preguntamos si la
militarización en las regiones VIII y IX y la plena autonomía con que

operan las fuerzas armadas en ella, se trata de una política pública
ejercida desde el gobierno central, o si estamos ante un golpe de Estado
que ha creado una institucionalidad que actúa al margen del estado de

Derecho que se supone impera en el país.

El asesinato del peñi Catrileo, en vez de acobardarnos y dejar paso libre
a la usurpación y a la falta de reconocimiento hacia nuestros pueblos, no

ha tenido otro efecto sino agudizar la situación.


Hemos visto cómo antes y después de este crimen, las manifestaciones
mapuche, llevadas adelante sin provocaciones, ha sido brutalmente

reprimidas. Fuimos testigos de castigos brutales, de vejámenes contra
muchos manifestantes hombres y mujeres de todas las edades, apresados y
arrastrados por las calles como en tiempos de Pinochet, y que entre otros

sufrió nuestra lamgen Yénive Cavieres, hecho que ha tenido repudio y
resonancia internacional. También hemos sido testigos y denunciamos los
torpes montajes de Carabineros de la Primera Comisaría de Santiago, que a

nuestra vista y paciencia montó burdas pruebas para inculpar a jóvenes
manifestantes y acusarlos ante la Justicia Militar.

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Cuando cínicos voceros del gobierno proclaman que el país vive una
situación de normalidad, podemos preguntarnos si se considera normal la

aguda confrontación con que se intenta finalizar nuestras demandas. Los
asesores del gobierno han optado por la vía fácil de la criminalización y
de la represión, impidiendo en los hechos cualquier entendimiento entre el

estado y la civilidad indígena.


Lamentamos que ello se haya dado en el contexto de un gobierno central a
cuya instalación haya contribuido gran parte de nuestra gente. Ante el

poder de las balas, declaramos que una vez más se ha burlado toda
expectativa en favor de un Nuevo Trato. Con esto, se puso fin
trágicamente a un nuevo intento de generar un estilo diferente de realizar
políticas públicas en favor de nuestros pueblos. La lógica de reprimir por

el terror imperó por sobre el criterio político del Nuevo Trato,
demostrando la inoperancia del gabinete político, en especial por parte de
Conadi y Mideplan, incapaces de hacer prevalecer una política de cordura.

Hacemos un llamado al gobierno, si tiene capacidad de operación, a hacer
prevalecer la cordura, a detener a la maquinaria irracional que busca la

confrontación, manejada por asesores concertacionistas fuerzas armadas y
de orden que actúan sin control alguno. Llamamos asimismo a las
organizaciones mapuche, a responder con sabiduría, uniendo prudencia con

valor, como en los días de Leftraru. Sabiendo de dónde viene la represión,
actuemos en defensa de la vida de nuestros pueblos y de sus mejores
miembros, midiendo responsablemente cada paso a dar.


Llamamos a las organizaciones indígenas a la más amplia unidad, dejando de
lado individualismos y desconfianzas que han dificultado la coordinación

entre los sectores más representativos de nuestros pueblos. Busquemos
estrategias comunes con la sabiduría de Leftraru. Nosotros optamos por la
resistencia no-violenta activa.

MARICHI WEW,

José Llancapan. Consejero Indígena Urbano

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Wallmapuche, Santiago waria mew, 8 enero küyen, 2008.