¿Por qué no te callas?” o la colonialidad del poder

Por Boaventura de Sousa Santos *
“¿Por qué no te callas?” Esta frase, pronunciada por
el rey de España dirigiéndose al presidente Hugo Chávez durante la XVII
Cumbre Iberoamericana realizada en Chile el pasado 10 de noviembre,
corre el riesgo de quedar en la historia de las relaciones
internacionales como un símbolo cruelmente revelador de las cuentas por
saldar entre las potencias ex colonizadoras y sus ex colonias. De
hecho, nadie se imagina a un jefe de Estado europeo dirigiéndose
públicamente en esos términos a un par europeo, cualesquiera fuesen las
razones del primero para reaccionar ante las consideraciones del
último. Como cualquier frase que interviene en el presente a partir de
una larga historia no resuelta, esta frase es reveladora en diferentes
niveles.
En primer lugar, revela la dualidad de criterios para evaluar qué es
o no democrático. Está documentado el involucramiento del primer
ministro de España de entonces, José María Aznar, en el golpe de Estado
que en 2002 intentó derrocar a un presidente democráticamente electo,
Hugo Chávez. Como a esa altura España presidía la Unión Europea, esta
última no puede siquiera clamar su total inocencia. Para Chávez, al
actuar de esta forma, Aznar se comportó como un fascista. Podría llegar
hasta a cuestionarse la adecuación de este epíteto. Pero, ¿no hay
tantas razones para defender las credenciales democráticas de Aznar,
como hizo patéticamente Zapatero, como para denunciar el carácter
antidemocrático de su injerencia? ¿Se haría lugar a la misma vehemente
defensa si un presidente electo de un país europeo colaborase en un
golpe de Estado para deponer a otro presidente europeo electo?
La dualidad de criterios tiene aún otra vertiente: la valoración de
los factores externos que interfieren en el desarrollo de los países.
En los primeros discursos de la Cumbre, Zapatero criticó a aquellos que
invocan factores externos para encubrir su incapacidad para desarrollar
a los países. Era una alusión a Chávez y su crítica al imperialismo
norteamericano. Pueden criticarse los excesos de lenguaje de Chávez,
pero no es posible hacer esta afirmación en Chile sin tener presente
que allí, hace 34 años, un presidente democráticamente electo, Salvador
Allende, fue depuesto y asesinado por un golpe de Estado orquestado por
la CIA y Henry Kissinger. Tampoco es posible hacerlo sin tener presente
que actualmente la CIA tiene en curso las mismas tácticas usando el
mismo tipo de organizaciones de la “sociedad civil” para desestabilizar
a la democracia venezolana.
Tanto Zapatero como el rey quedaron particularmente irritados por
las críticas a las empresas multinacionales españolas (búsqueda
desenfrenada de lucro e interferencia en la vida política de los
países), realizadas en diferentes tonos por los presidentes de
Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Argentina. Es decir, los
presidentes legítimos de las ex colonias fueron mandados a callar pero,
de hecho, no se callaron. Esta negación significa que estamos por
entrar en un nuevo período histórico, un período poscolonial,
teorizado, entre otros, por José Martí, Gandhi, Franz Fanon y Amílcar
Cabral, y cuyas primicias políticas se deben a grandes líderes
africanos como Kwame Nkrumah. Será un período duradero que se
caracterizará por una fuerte afirmación de los países que se liberaron
del colonialismo europeo en la vida internacional y se basará en la
recusación de las dominaciones neocoloniales que han persistido más
allá del final del período colonial. Esto explica por qué la frase del
rey de España, destinada a aislar a Chávez, fue un tiro que salió por
la culata. Por la misma razón se explican los sucesivos fracasos de la
Unión Europea de aislar a Roberto Mugabe.
Pero, “¿por qué no te callas?” es todavía reveladora a otros
niveles. Destaco tres. Primero, la desorientación de la izquierda
europea, simbolizada por la indignación hueca de Zapatero, incapaz de
darle cualquier uso creíble a la palabra “socialismo” e intentando
desacreditar a aquellos que lo hacen. Puede cuestionarse al “socialismo
del siglo XXI” –yo mismo tengo reservas y preocupaciones en relación
con algunos desarrollos recientes en Venezuela–, pero la izquierda
europea deberá tener la humildad para reaprender, con la ayuda de las
izquierdas latinoamericanas, a pensar futuros poscapitalistas. Segundo,
la frase espontánea del rey de España, seguida del acto insolente de
abandonar la sala, mostró que la monarquía española pertenece más al
pasado de España que a su futuro. Si, como escribió el editorialista de
El País, el rey desempeñó su papel, es precisamente este papel el que
más y más españoles ponen en cuestión, al abogar por el fin de la
monarquía, en definitiva una herencia impuesta por el franquismo.
Tercero, ¿dónde estuvieron Portugal y Brasil en esta Cumbre? Al mandar
a callar a Chávez, el rey habló en familia. ¿Brasil y Portugal son
parte de ella?
* Doctor en Sociología del Derecho (Universidad de Yale), catedrático de la Universidad de Coimbra (Portugal).
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