RECABARREN, ALLENDE, MIGUEL --UN LEGADO NO ASUMIDO
De la derrota al reflujo del reflujo a la descomposición
Septiembre tiene muchos significados para los chilenos y septiembre por
lo mismo, se ha convertido en un mes de conmemoraciones, un mes de
recuerdos que la historia ha patentado también, como un lapso de
reflexión y balance de lo que nos acontece como pueblo. Por culpa de
septiembre la izquierda nos hemos vuelto litúrgicos, casi religiosos en
esto de dar espacio a la memoria histórica para invocar a nuestros
héroes y mártires, pretendiendo de ellos el milagro para unirnos,
hacernos más concientes y más comprometidos con los intereses de los
trabajadores y los sectores populares. Todos sabemos que nuestros
hermanos asesinados; ejecutados y detenidos desaparecidos fueron parte
de un contexto histórico, en que la organización y la lucha de nuestra
clase se expresó mediante formas más extensas y más amplias de cohesión
social y política, aún en el periodo dictatorial pudimos contar con
organizaciones de raigambre nacional, que de no ser así, habría
complicado mucho más el
proceso de aquilatamiento para desatar las protestas y paros
nacionales. En cuanto a esta verdad, la derrota obrera y popular como
resultado, fue la síntesis de un proceso dentro del cual nuestros
enemigos, tanto la dictadura como la oposición burguesa; nos logran
dividir como izquierda (MDP, Alianza Democrática), nos arrebatan la
iniciativa (Acuerdo Nacional), y nos aislan utilizando el falso dilema
de la violencia /no violencia, levantando además el discurso de las
elecciones libres aceptando el marco constitucional del 80
Septiembre, más que ningún mes hace elocuente, la condición a la que
fuimos reducido como izquierda consecuente (digamos marxista) y como
sectores revolucionarios (marxistas-leninistas), quedamos reducido a
una minoría, pero además una minoría que sufre profundas
contradicciones que la desintegran aún más, y le hace hasta hoy vivir
grados importantes de descomposición política e ideológica. Septiembre
más que ningún mes, deja en evidencia el importante vació de conducción
revolucionaria y la lamentable constatación de que cada átomo de esta
izquierda que aboga por el socialismo, está lejos de querer plasmar en
forma concreta y real la imperiosa tarea de la unidad de los
revolucionarios para desde ahí aportar a la unidad social y política de
los trabajadores y el pueblo. Por el contrario, ocurre que cada
orgánica se auto confirma como necesaria e insustituible, cada partido
o movimiento de esta izquierda se justifica en su particular identidad
y tanto es así, que se
ha llegado a una suerte de apoyo "solidario" o más bien complicidad
para mantener en statu quo, esta muestra tan amplia y nutrida de
pequeñas capillas políticas, usando de préstamo el concepto de
diversidad que se inventó la burguesía para mantenernos dividido como
clase, pero no sólo eso, sino que además, se asienta el hecho pueril y
ridículo de imitar a los grandes partidos del pasado definiendo
pomposas estructuras de tipo nacional a veces con no más de 50
militantes activos. Bueno, la soberbia es una expresión de la
descomposició n, por lo tanto, nos creeremos dignos de un "Secretario
General", de un "Comité Central", de una "Comisión Política", etc,etc.
En definitiva de las anteriores experiencias partidarias no quedaron
las lecciones que nos hubiesen ayudado a construir un nuevo referente
con posiciones más maduras y con el profundo sentido unitario con que
se afanaron los grandes dirigentes de nuestra clase.
La Promesa de Seguir Sendas
Cada cierto tiempo aparecen, panfletos, afiches; aparecen también
boletines o periódicos que dicen con letras de grandes caracteres, que
tal grupo o tal partido, está en la senda de su héroe ideológico. Es
común que al pueblo se le anuncie públicamente que, estos están en la
senda de Allende; que estos otros están en la senda de Recabarren; que
los de más acá están en la senda de Miguel y así nos legitimamos como
discípulos o herederos de uno u otro líder histórico de la izquierda.
Pero ¿qué sucede en realidad?
Lo que en verdad sucede con toda la izquierda, es que estamos lejos de
seguir el ejemplo y la senda de cada uno de estos lideres, si así
fuera, otro gallo cantaría. Cómo se puede afirmar que se camina por la
senda de estos grandes dirigentes, si en lo básico no hemos comprendido
y no hemos practicado lo que ellos han comprendido y practicado, si aún
nos negamos a realizar como proceso lo que ellos hicieron en su
momento. Recabarren ganó con justa razón el nombre de padre de nuestro
movimiento obrero y popular y eso porque fue capaz de levantar bajo
condiciones tremendamente adversas y precarias una masiva, extensa y
sólida organización política y social de los trabajadores y el pueblo.
Sin jamás dicotomizar la conciencia del proletariado con un discurso
autonomista, ni horizontalista, ni gremialista, fue capaz de aunar tras
una visión de clase y socialista a un amplio espectro del mundo
explotado y oprimido por el capitalismo de su época. Siendo un obrero
tipógrafo, tuvo la inteligencia, tuvo la destreza, tuvo la voluntad y
el coraje de forjar junto a los obreros, los instrumentos políticos y
sociales de su emancipación. Con Recabarren tempranamente en América
Latina se irguió un movimiento tan vasto socialmente y tan maduro
políticamente, Don Reca, como le llamaban los trabajadores, desde los
14 años hasta su muerte luchó incansablemente por la unidad de la clase
obrera y por el socialismo como sociedad de justicia e igualdad social.
Salvador Allende recorre una vida de 25 años trabajando, también
denodadamente por la conformación de una gran y poderosa fuerza, con la
que se pudiese alcanzar el socialismo. Desde la fundación de su partido
en 1933 se pone en la tarea de representar ante las instituciones
burguesas, los anhelos e intereses de los trabajadores y los sectores
más postergados por el capitalismo. Muy joven asume un liderazgo
político que lo convierte en un socialista intransigente por la unidad
política y social del proletariado como clase, y ganar para este
propósito un frente que programáticamente diese un rumbo estratégico a
la lucha revolucionaria de las masas. Independientemente de la vía
reformista que él se propuso para llegar al socialismo, siempre optó
claramente por la unidad del pueblo, que para Allende significaba una
alianza estratégica de los partidos populares. Los partidos que
representaban consecuentemente los intereses históricos de los
trabajadores, debían a
su juicio, ser un eje estratégico de acumulación de fuerza que
progresivamente copara las instituciones del poder burgués hasta lograr
desplazar a la burguesía del dominio de esas estructuras. El objetivo
central del Presidente Allende, desde que por primera vez en los años
40 se presentó como candidato a diputado, hasta el momento de su
inmolación en la Moneda; fue la unidad de los trabajadores y los
anhelos de justicia social que siempre demandaron.
Miguel Enríquez trazó junto con sus camaradas, una alternativa de
construcción revolucionaria, que precisamente puso en el centro de los
objetivos; la unidad de la clase obrera y el pueblo, la conformación de
una alianza estratégica entre el proletariado el campesinado y el
subproletariado que se expresaba en los pobres del campo y la ciudad.
Esta unidad política y social debía constituirse en un poder dual al de
la burguesía, este poder paralelo surgiría embrionariamente de las
propias luchas y combates que darían los trabajadores y el pueblo
contra la clase patronal y contra los intereses imperialista en nuestro
país. Cuando Miguel Enríquez habla del Poder Popular, está hablando del
Sujeto histórico de la revolución, esta hablando del protagonismo de
las masas organizadas en poder político y armado, y esta forma de
concebir la organización de la clase, esta forma de pensar el
enfrentamiento entre las clases, esta forma de entender él desafió
revolucionario,
nos refiere sin ninguna ambigüedad a la idea de construir la fuerza que
barra con el capitalismo y comience la construcción del socialismo.
Miguel, consecuente con este predicamento, siempre concibió a su propio
partido tan sólo como un destacamento de vanguardia que desde el
concepto del Polo de Reagrupación de Fuerzas Revolucionarias apuntara a
conformar con otros partidos la Dirección Revolucionaria que jugase el
rol de mando central del proceso de cambios en Chile.
Por eso, pensando autocríticamente, el estado de las organizaciones que
queremos cambios revolucionarios en nuestro país, entendemos que esto
de las sendas de Recabarren, Allende, Miguel, que situamos como
ejemplo, atribuyendo a nuestras organizaciones esta voluntad o
decisión, cuando no es así. Que más bien nuestra opción práctica,
opuesta talvez, al propio discurso público que levantamos, es que la
atomización, la pequeña identidad, nos queda cómoda, nos viene bien,
sobretodo cuando el caudillismo como estilo, campea por nuestros
territorios reclutando candidatos para atomizarnos aún más. Por lo
mismo, nunca será honesto, proclamar una unidad revolucionaria que no
se está dispuesto a soldar, nunca será honesto izar banderas por las
que no lucharemos, nunca será honesto, definirnos revolucionarios y no
instalar las condiciones básicas para realizar esa revolución. En estos
casos, es mejor y más sano dejar quieto el nombre de Recabarren, de
Allende y de
Miguel en el arcón de los recuerdos, estaremos siendo más serios con nuestro pueblo y hasta con nosotros mismos.
Por último, decir que no es mucho lo avanzado, que no es bueno
arrogarnos la autoría del despertar espontáneo y del descontento que
empiezan a expresar sectores del pueblo. Lo que tenemos que hacer es
producir prontamente la Convergencia Revolucionaria, mediante esta
unidad superar las debilidades e impotencias para sumar más fuerza.
Unidos; trabajar por el rearme de la conciencia de clase de los
trabajadores y el pueblo. Asumir unidos la reconstrucció n del
Movimiento Obrero y Popular, agitando con fuerza un Programa que
integre todas y cada una de las demandas y derechos del pueblo.
Convocar a los trabajadores, pobladores, estudiantes, profesionales e
intelectuales a constituir por todo Chile Comités por las demandas
populares.
EN HOMENAJE A NUESTROS HÉROES Y MÁRTIRES
A CONVERTIR NUESTRAS CONSIGNAS EN MUCHAS VERDADES
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados