POR LAS ADUANAS TRAS UNA PERVERSA BURLA
A nadie le cabe dudas que, en ese asunto hubo precalentamiento. Para todos es conocido el hecho que era totalmente refractaria a requiebros e insinuaciones. Solía notársele fruncimiento de sus nalgas y rictus duros en su rostro, mirada como de volada, de esas cuando se anda en otra o se está marcando ocupado.
Pero es que te vamos a ponerte un tema. Ya eso, es otra cosa, la chica, para qué estamos con cuestiones era acosada por todos los varones de la oficina, pero si hasta el "pollo" quería golosear, alces y agarrones iban y venían, abrazos, apretones en las pequeñas tetitas. Los califas no se daban tregua, no la dejaban tranquila, era más asediada que la Cecilia Bolocco en pelotas o manejándose en la felatio. Acosada a diario la mujercita ésta.
Había que ver a esta comadre, eso sí, recatadita ella, usaba vestidos largos que le pasaban abajo de las canillas, con cuello totalmente cerrado y mangas largas.
Toda una matapasiones; ninguna palabra zalamera la conmovía. No señor.
Siempre he creído que le gustaban los agarrones y acoso. Pero "ya poh Mirón, cuenta", cuenta que más exige la galucha. Apura la dueña del conventillo, oiga doña chante la moto. La chica era más apetecida que farandulera "vestida" apenas con hilo dental como colalé, y eso que andaba forrada en trapos. ¡Qué chachu! Así son las cosas, entre cosas y minocas, se pela más que en el parlamento y no se hace nada, vaya billetito que se llevan los "honorables" por decir puras huevadas, mientras el país se emporca con su palabrería y desatinos. Entonces; que, en la ciudad del Chango López se pela, sí, pero pelambre de academia pelambrosa.
Tirando más manos que pulpo caliente abrazaba a la Aramita, con su culito tan paradito. Manoseos y apretujones, todo para que enrojecieran de envidia los golosos. Yo trabajaba y me trabajaba firmeza a la "pelusa" pequeñina y guapetona, más blanca que pancutra. Tras todo ese muro de ropa que se colocaba, había un rico cuero tipo seda de gusano, fino y suave. Vamos moviendo manos, ahora subirle vestidos y refajos, mi Dios, tarea imposible, pero igual la encajaba dentro del archivo y allí volaban plumas y suspiros nada más, la muy ladina se las arreglaba para defender muy bien su fuerte, hasta parece que tenía un cinturón de castidad entremedio de las piernas.Es que usaba calzones almidonados o de fierro, y más encima de piernas largas con encajes.
La chiquilla no aflojaba el peluche. ¡No señor! Suspiraba y ponía ojos de cordera degollada, bufosa cada vez que buscaba incursionar en ella, tratando ubicar las manos donde hicieran efecto, incluso le salían unos grititos y es ahí cuando pegaba unos mordiscos la perricholi. "Ya pue... suelta, suelta, que me da mareos", pero si eso buscaba, marearla a tal punto que cayera el bastión, pero todo era inútil.
Que era trabajadora, si señor, lo era, y tanto era así la cosa que hacía trabajar, he aquí lo increíble, cabalito, hacía trabajar hasta al "pollo" que era un muchacheli bueno para zorrear. Anda siempre más fondeado que un submarino.
¡Ay! La Aramita chiquilla calentona. alguna vez, alguna... vez y todo los días lo mismo, a la carga con ella, arrinconándola donde se presentara la ocasión, ella sòlo atinaba a morder y enterrar las uñas
Pero, antes que pongan un tema;, eh Rumpy, colocate"El animalito", les diré que alguien se la tiró pesada. Eso sí, no le pudo poner nada entremedio de las piernas. Sólo ordenó sentenciosamente, la alimaña perversa del Escudero que era el jefe: "Señorita Aramita tiene que ir usted a la aduana a retirar un Penescopio recien llegado de Alemania. Idea mía esa del penescopio que el abyecto insecto de Escudero no alcanzó a cachar, sino cuando todos soltaron la risotada. La alimaña protozooica atinó a reir apretando las mándibulas de cerdo ceboso que tenía.
Con toda tranquilidad y pachorra. Aramita comenzó la búsqueda del valioso "instrumento científico" llamado Penescopio, venido desde las remotas tierras de los Otto, más ganosa que nunca le puso pino a la búsqueda, mientras en la oficina todo el mundo se desternillaba de la risa. Buscó catálogos, facturas proforma, presupuestos, licitaciones.... y hasta halló un instrumento parecido a un micrófono con dos como bolsitas que le colgaban, y ella no atinaba, sino que muy extrañada consultaba libros y papeles, toda literatura que le llevara al famoso "instrumento". Por cierto todo lo que ella leía de papelería la había yo fabricado anticipadamente y ella encontraba los "datos precisos"
Mientras, yo vivía mis fantasías eroticonas con la Aramita, ella dejaba o se mojaba hasta la ... es decir el alma, en la búsqueda del mentado Penescopio . Tanto empeño le puso q ue fue a consultar a los más reputados hombres sabios y ladinos como Mario Bahamonde, Mario Melo, y Alfredo Aranda el muy empolvado monsieur que usaba polvos "Maderas de Oriente" para después de la afeitada, por cierto, fue hasta donde el mismísimo diablo en persona, Janos Bachora, que tenía una herramienta muy fuerte y muy reputada, lejos de su intelecto y de sus vuelos de ex bailarín del Ballet real de Bélgica. Janos, que solía pasear sin indiscreción alguna su enorme humanidad y ese colgante rosado voluminoso que tanto codiciaban sus "alumnas" de danza.
Corrió, anduvo, siguió, por cuanto vericueto hubo, de oficina en oficina entre aduanas y desaduanadores, sin resultado alguno, eso sí, nunca, al parecer se dió cuenta como se reían de ella cuando salí hacia otros lugares en su búsqueda, no se daba por vencida, si hasta la difunta Flakatello se llegaba a mear riendo a costas de la pobre Aramita. Dicen que el viejo chico del Salvador Aranjuela se fue a masturbar a uno de los baños de la universidad cargado de eroticidad que le causaban los ajetreos de la pequeña tonta útil.
Obvio, la chica Aramita no logró nunca ubicar su Penescopio. Hoy, tras los años idos, le veo pasar por algunas calles alejadas, imagino que es como la rubia Mireya, la del tango "Tiempos Viejos", muy digna la Aramita, aunque con la vista extraviada, una enorme cruz de madera en su pecho y en su imaginación un hábito de monja carmelita, por cierto, traje que nunca pudo usar. EL MIRON DE LA CALLE
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