MARTA LAMAS

Marta Lamas es antropóloga mexicana

y directora de Debate Feminista.


¿Que es lo que tanto atrae hoy

de Frida Kahlo? ¿Dónde radica

el poder de seducción de esta

figura artística y política mexicana

y universal: en su obra, en su

vida o en su cuerpo herido y su

rostro extraño? Izquierdista,mutilada

y bisexual, Frida conjuga

en su persona la transgresión y

la resistencia. Padeció situaciones

límite en su cuerpo —la polio,

la columna rota, las operaciones,

los abortos, las caídas, la

amputación—, pero también gozó

con él y disfrutó los placeres

de una sexualidad desbocada.

Amó con desmesura pero, a diferencia

de las mujeres que “aman

demasiado” y que convierten el

amor en una trampa con la que

se enajenan, Frida logró potenciar

su creatividad. Su feminismo

espontáneo la hizo sellar un

compromiso consigo misma: ser

a través del trabajo.

Frida, de cuya nacimiento se

cumple ahora un siglo, vivió su

erotismo con la misma libertad

con que pintó: fue amante de

León Trotski, de fotógrafos, artistas

y de varias mujeres (dos de

ellas, famosas cantantes folclóricas).

Convirtió su supuesta fealdad

de mujer peluda en una afirmación

estética, y su negativa a

depilarse se interpretó como una

declaración de su bisexualidad:

bigotona como sinónimo de lesbiana.

Antes de su accidente y de

su matrimonio, Frida solía vestirse

como hombre. Después reivindicó

los huipiles y las enaguas, y

el traje de tehuana se volvió su

marca personal. Al usar atuendos

típicos y hablar con un lenguaje

coloquial, Frida empezó a

convertirse en el símbolo de la

mexicanidad que hoy es. Antonio

Alatorre describe su uso del

lenguaje como “relajiento, vivaracho,

lleno de pintoresquismos”,

con el que “habla de lo serio, lo

muy íntimo, lo intensamente personal”.

Con gran sentido lúdico

se autodefinía como pelada (pobre),

móndriga (cabrona) y jija de

la chifosca (carente de límites), y

firmaba: su fiel y segura servidora,

Doña Frida, la malhora.

La fama de Frida por su trayectoria

vital precedió a la celebridad

de su obra. Su disidencia

moral y política trascendió antes

que su arte. Encarnó el nacionalismo

internacionalista del México

de entonces y fue antifascista.

Perteneció a la Liga de Jóvenes

Comunistas, pero renunció al

Partido Comunista cuando éste

expulsó a Diego Rivera. Siguió

siendo filocomunista y compartió

la ofuscación de su época

por líderes políticos como Stalin

y Mao. Se comprometió en la

lucha de los republicanos contra

Franco y reunió ayuda para enviar

a las Brigadas Internacionales.

Le importó mucho la política

y quiso ser útil a la causa de

los más desposeídos.

Los que sucumbieron a la fascinación

del personaje iniciaron

la “fridolatría” con estampitas y

muñecas, a las que les siguieron

carteles, fotos, obras de teatro y

películas. Luego creció la mercantilización

de su imagen, explotada

de manera lamentable

por sus herederas: joyería, ropa,

perfume, lentes, un tequila “Frida

Kahlo” y un corsé de La Perla,

bordado con cristales de

Swarovski, que cuesta 1.500 euros.

No obstante el rechazo que

provoca la Frida Kahlo Corporation,

la fuerza y originalidad

del personaje siguen atrayendo a

nuevas generaciones.

En su vida turbulenta, regida

por el dolor, está la clave de su

arte. No huyó de sus emociones,

y a pinceladas expresó un sufrimiento

y una voracidad existencial

que asombran.

Nada resulta tan natural como

pintar lo que no hemos conseguido.

Frida asume su verdad y

la transforma en imágenes cargadas

de sensualidad. Y si su arte

conmueve, su vida ejerce una

atracción paralela. Amó con locura,

deseó una maternidad que

nunca llegó, gozó con hombres

y a mujeres, trabajó con feroces

y continuos dolores a la sombra

de un gigante como Diego Rivera,

pero, sobre todo, fue fiel a sí

misma, cuando el canon artístico

del momento valoraba otra

cosa. Quizás eso, a la distancia,

es lo más extraordinario: la manera

como continuó pintando

sus retablos y autorretratos, por

más que entonces no tuvieran el

éxito que hoy han logrado.

Estoy feliz de estar viva mientras

pueda pintar. Hoy, recordar

a FridaKahlo es interrogarse sobre

la pasión, el cuerpo y el arte.

Rota, estéril, adolorida, ¿por

qué exclamaba: ¡viva la vida!?

Porque en lugar de tristear, como

ella decía, disfrutó intensamente

lo que logró arrancarle a

su existencia.

La tragedia es lo más ridículo

que hay. Frida se desmarca del lugar

de la víctima con humor. El

descaro con el que exhibe su sufrimiento

y la obsesión con la que

persigue su deseo de crear se reúnen

en su dicho: Pies, ¿para qué los

quiero? Si tengo alas para volar.

Nació el 6 de julio de 1907 y

falleció en 1954, a los 47 años de

edad. La velaron durante todo

el día en el foyer del Palacio de

Bellas Artes. Un río de gente pasó

a rendir su último tributo

(por amor o para saciar su curiosidad)

ante el féretro cubierto

con la bandera del Partido Comunista.

Mientras sus amigos

entonaban La Internacional, el

general Lázaro Cárdenas ofrecía

sus condolencias a Diego Rivera.

El director del Palacio, Andrés

Iduarte, le pidió a Rivera

retirar el estandarte. Diego lo

amenazó con llevarse el ataúd

con todo y muerta. Iduarte se

resignó, a sabiendas de que sería

despedido, como ocurrió escasas

horas después.

Ahora, a medio siglo de su partida,

Frida regresa triunfal al Palacio

de Bellas Artes de México con

una magna exposición, que reúne

más de 350 obras (entre óleos,

acuarelas, grabados, litografías,

dibujos y fotografías), y un espléndido

catálogo con las mejores plumas

comentando cada cuadro.

Otra vez Doña Frida congregará

tumultos en Bellas Artes.

Artículo de www.profesionalespcm.org