FERNANDO PASTÉN Y SEÑORA
Debo manifestar una rabia feroz porque Fernando Pastèn y su esposa deja-
ron de pertenecer a la Sech. Pienso que no fue valorada su faena como cuidador, aseador, mandadero, verbo auxiliar, en la Casa del escritor.
Hace cuarenta y tres años vi llegar a la Sech a un matrimonio joven a trabajar. Fernando y yo tenemos la misma edad (en ese tiempo, 24 años)
Ydesde entonces lo tratè siempre como a una persona respetable, transformàndose luego en un gran amigo, no sòlo de quien escribe sino de todos los poetas y escritores. Se le querìa grandemente. Pese a su condiciòn humilde, era y es un caballero en todo el sentido de la palabra. Siempre atento. En los años que estuve realizando recitales de poetas mujeres, èl estaba presente con su enorme voluntad, ordenando sillas, limpiando el escritorio, colocando vasos con agua, y colaborando con entusiasmo en los eventos.
Fernando Pastrèn forma parte de la familia poètica, trabajador, limpio, afable, buen individuo.
¿Por que se tuvo que ir? Conversè con èl: "Hace meses que me deben una plata. Tampoco me quieren aumentar el sueldo. ¿Y sabe? Aquì hay mucha prepotencia... Los directores se creen dioses, lo mandan a uno como si fuese esclavo..."
Le dije: no se vaya, Fernandito, tenga paciencia. No hay cabeza que no ruede en este mundo... No se vaya...
"Sabe, Carlitos? cuando haya otra directiva, si me necesitan y me llaman,
yo me vengo a trabajar encantado porque aquì, despuès de 43 años, yo me siento integrado a ustedes, los que son caballerosos y respetuosos, y le aseguro que, aparte de Ud, son re-pocos los que se salvan ahora..."
Lo vi ordenar sus ropas, vestones, frazadas, tambièn su esposa afanada en meter sus cosas en cajas de cartòn, sì, estaban allì, empaquetando sus cositas, mientras los ojos se me inundaban salì de la Sech, ya no quise seguir vièndolos arregar y embalar sus pertenencias.
Sentì gran pena. ¡43 años! Una vida tirada al tacho de la basura...
Observè a la gente que transitaba por Vicuña Mackenna y terminè asegurando que desde los primeros tiempos, los hombres con poder nada valen ante la grandeza de unas manos trabajadoras como las de Fernando Pastèn... y las de millones de trabajadores como èl que un dìa nunca pensado terminan injustamente arrojados de sus labores...
Es una realidad que apesta, enferma, duele...
de "Sobre los techos duermen las estrellas" (inèdito)
S Ù P L I CA
(Nicuento)
Estaba lavando su herido pantalòn. Entonces le pidiò -ensangrentados los ojos- que no te fueras primero. Temblaba imaginàndote partir hacia oscuras regiones, tal vez llenas de fauces enormes como las que veìan en el cielo de la tarde... Quizà no quisiste dejarlo enredado en zarzamoras: no respondiste al terror ni a los negros fantasmas de sus palabras.
Te miraba como a una montaña màgica poblada de àrboles los cuales cantaban alegrìas o tristezas que su torpe mente no podìa entender. El sòlo sabìa gimotear cuando desde su camiòn de madera caìan sandìas o melones de piedra...
Las manos de su madre, tan castigadas por jabones, cloros, perlinas, eran jòvenes y hermosas. Y capaces de llevarlo a rincones azules donde bailaban magos, princesas, y caballitos de azùcar galopaban en prados de crema y chocolate...
¿Què serìa de èl si le faltara esa ternura con que se bañan sus ojos? Ah, madre! ¿Quièn sacarìa de su cabeza loca ese constante infierno de piojos? Ella lo arropaba en las noches con ropas olorosas a tierra hùmeda. Y le dejaba en la mejilla un beso. Un beso. Y... si ella se iba, el pàjaro quedarìa sin alas, sin color...
La madre parecìa no comprender sus temores. La lluvia, ah, la lluvia espantosa zapateando sobre las latas, tirando palos y juguetes siniestros...
Para detener vendavales y brujos voladores, ella quemaba extrañas hojas secas...
Recordaba al hombre que muriò de frìo una noche. Lloraba, gritaba, pidiendo albergue o un plato de agua caliente aunque no tuviese estrellas.
En la mañana lo vio: boca abierta llena de barro y los ojos en direcciòn a los cerros lejanos. Sintiò que de alguna manera habìa muerto tambièn cubierto de sombras nevadas...
Y la señora Blanca... Le gustaba beber vino blanco y siempre se llenaba de seres raros su cabeza. Hablaba con ellos de mariposas y luceros perdidos debajo de la cama. Una tarde enmudeciò rodeada de sus fantasmas preferidos. Ahora sòlo sus ojos murmuraban querubines frente
a la pared.
Testigo de esa partida, èl no sabìa còmo amontonar tanta lluvia y tanto cielo en su cabeza. ¿Por qué la gente se esconde bajo la tierra?
Le dijo tantas veces a su madre, no te vayas, no permitas que la tos, el frìo y el hambre se queden conmigo...
Ella no lo escuchò?
Y se apagò en silencio como una estrella fugaz en noche de heladas arenas. El niño nunca sabrìa que una muñeca de trapo le enseñò a ser madre...
O T O Ñ O
(Nicuento)
Quizà no debiera comer flores salpicadas de lluvia ni beber aquellos resplandores amarillos que despiden los aromos.
Susana quiere ver en mi un camino exactamente igual a otros, sin ocuparme de las flautas que emiten su magia desde las aguas.En todo caso, no puedo. No.
Me encontrarà como es ya costumbre: jugando con estrellas, mientras en rededor pasan los hombres con ojos apagados. Muertos.
Yo sè que a ella le gustarìa que no caminara bajo las acacias impulsado por un sueño, sufriendo por todos los que no pueden ver porque un signo monetario les pudriò las pupilas.
Hace un año estaba dichoso, sintiendo muy cerca su aliento frente al mar.
Sì. Hace un año. Hace un año tambièn fui infeliz porque ella no quiso seguir conmigo el vuelo de las golondrinas...
Le he dicho que no puedo arrancarme el cerebro para tenerla contenta y con ello demostrarle que soy ùnicamente en ella. Susana odia el vuelo, la ceniza, el cielo. Pobre alma mìa. Le he manifestado que luche por subir los pàrpados: estàn sellados hasta el infinito.
No sè por què la quiero.Ama la oscuridad desde nacimiento. Se rìe cuando le hablo de los pàjaros al amanecer... Se rìe.
Parece que hoy no vendrà. Ha pasado ya una hora. Y su odiada y querida silueta no se vislumbra. Quizà no pueda venir porque una fiera la conduce a un placer efìmero. Puede estar devorando estièrcol, terrones, y al mismo tiempo derribando murallas con su risa.
Talvez la odio.
La dorada alfombra del parque cruje bajo mis pies. Es tarde. Hace frìo. Y no viene. Y nunca sabrà que la he esperado un siglo. Algunas làgrimas ruedan por mis mejillas de madera...
Debo irme.
Antes arrojo hacia todas partes la mirada. Al parecer, Susana no existe.
Quizà nunca existiò.
El hielo de la noche me recuerda que las lucièrnagas no pueden ocultar mis huesos...
de "Sobre los techos duermen las estrellas"
creo que ya no volverè escribir por varias razones:
1-. me cuesta mucho encontrar este lugar
2-. ayer escribì un cuento y estaba escrito de antes un comentario sobre un poeta de concepción, omar del valle. Estuve horas tratando de hallarlos y no me fue posible...
3 Yo no sè nada de esto y me desoriento mucho cuando suceden estas cosas
tampoco pude ubicar el cuento los caballos...
creo que me retiraré para siempre de esto que llaman Internet.
Saludos cordiales a don Antonioo Díaz Méndez.
Carlos Ordenes Pincheira
Soy la hija de Antonio Díaz M., tenga paciencia don Carlos, todo lo que usted envie se publicará, a mi padre también le cuesta esto de la informática, pero, tenga paciencia, que el está aprendiendo a ser paciente, atentamente
Esperanza Díaz Monterrey
Esperanza Díaz Moterrey, bellos nombres tiene ud. amable dama. Le doy
las gracias por sus palabras. Saludos cariñosos a su padre.
Y respetuoso cariño a usted.
Carlos Ordenes Pincheira.
PRISIONERO DEL SOL
(nicuento)
a Anita Tutelers Celis
El sol ha puesto fieras alrededor de la casa: no puedo salir, el calor me corta el aire y una desesperación negra me invade al no poder respirar... No puedo negar mis disgusto por esta soledad envolvente y, quizá, por eso sur
ge su figura, mi ángel, con su cabeza llena de planetoides y rincones de inde
finible sabor. ¡Es tan hermosa! Talvez no se da cuenta de lo que es, porque, a veces, la veo rodeada de cuervos tratando de desintegrarla... Y ella parece agotada porque por la calle pasan tiburones o elefantes barritando locuras e imposibles...
Debo decir que la amo desde la primera poemaria cuando sus ojos habla
ban de paises anaranjados y templos de transparentes muros y pilares verde pasto. Recuerdo a muchos caballejos recorrièndola con sus miradas de turbio brillar...
La amo a pesar de esas cadenas que desde niña lleva ceñidas. Hace calor.
Afuera, varios búfalos están empeñados en derribar una gigante acacia. Nadie la defiende. Está sola contra el mundo. Después de dar millones de aromas en flores de nieve blanda y una sombra en generosidad grandiosa
.
¡Hay tan pocos àngeles en la tierra...!
Ana lo es. Y nadie comprende lo valioso de su silencio: es posible que esté
en medio de un jardín disfrutando goces increíbles, un lugar despoblado de barracudas y quemantes monedas...
-¿Cómo estás, tesoro?
-Bien...¿Y tú?
-Cada vez que te veo, estoy muy bien... ¿Tú sabes por qué?
-Sí, Diego, tú me amas...
Pareciera de repente recobrar la luz...
Ah, qué calor... Miro hacia afuera: desde el balcón del frente cuelgan cue
ros de extrañas bestias y un hombre devora palomas vivas...
¿Qué estará haciendo ahora mi ángel? Quizá mirando el infinito como buscando una respuesta a una ya muy lejana pregunta... El sol empieza a desmayarse, estoy respirando mejor... La perra vecina me dice entre ladridos que esta noche no me dejará dormir...
La cacia que amé durante 34 años yace rendida sobre el pavimento y un grupo de carroñeros comienza a devorarla...
Carlos Ordenes Pincheira
POEMAS DEL MONSTRUO DE LA LAGUNA VERDE
(publicado por Edtorial Génesis de Ricardo Navia, mayo - 2003)
NUBARRÓN
Persistentes roces del agua tornaron lamentable mi aspecto:
no sré posible
que una sirena me ame:
feo como nubarrón, raro, verde,
brazos y piernas lucen escamas esmeraldas.
Son los años -gimen abedules, arrojando millones de semillas
que no germinarán. "Pasaron
como vientos veloces
dejando apenas una sombra, sin alero..."
Cuando a mis aguas se acercan niños, no huyen
al ver mi cara de monstruo triste,
no reparan
en mis vestiduras algámicas...Mañana -ya adultos-
desconocerán mi color,
quizás me lancen guijarros o espinas de olor adiós.
Desde cualquier orilla
me aman cormoranes, petreles, albatros. Les doy a beber
mi corazón de aguas cósmicas,
intercambiamos aires de paz, derramo en sus plumajes
celestes hojaredas...
En aquella isla, en mitad del agua, descanso, sueño por las noches
con una casa en las nubes y
una compañera de oceánica piel
que me entrega caracolas, pedazos de tarde anaranjada
o dedales de sol
para calentar los pasos
cuando marcho hacia otros pueblos
en busca de una palabra. Feroces simulacros de hombre
me acorralan,
ponen sobre mis ojos agujas, escorpiones, destrozan
las algas que me cubren y
son apacibles, grises,
cuando de mi cara
cae la sangre como un agua repentina...
Molesta mi transparencia:
he ahí el rencor, desahogan sus furias maltratándome.
Blancos, amarillos, negros, verdes,
son todos iguales en el momento de trizar amistades,
fabrican zancadillas,
sus dientes se alargan en ferocidades...
Entre saladas ventiscas
retorno a mi laguna donde caben todos los cielos y
me consuela saber que aun soy...
ENTRE LOCURAS
He aquí la romería de los santos culpables bajo la rubia mirada
del animal de fuego;
llora la escoria,
gime el viento sobre rocosos cadáveres. La tarde
tiene un temblor
de mujer germinada al son de las turbinas...
¡Dónde se escurrieron
los gusanillos de cobre
que horadaban tus horizontes? Canta, modula
la canción de aquellos escribas, asesinos de los pasos de cristal,
espántate
con los alaridos
que rebotan en los roquedales y
vuelven a ti como sierpes oxidadas...!
Quiero sumarme a la caminata de los ojos biselados,
vestigios
casi reales en el polvo del agua...
Dame de beber orina de los ángeles
antes que los estiércoles de la cordura me borren el corazón,
déjame tirar esta sangre
maldecida
por la furia de una lengua negra sembrada de lunas amarillas...
Permíteme lanzar al abismo estas agotadas pupilas,
hastiadas de amargos paisajes...
Ah mujer,
bendita seas ahora y en la hora de los trinos,
si en verdad dispones
de muros acolchados, dime que yo también merezco aserrines y
huevos siderales...
o un alúd de campanas
penetrando por mi frente para siempre jamás: es el instante
de coger
el barro más tierno
para esta cabeza
que va girando sobre un eje de pavor...
Déjame transitar hasta el fondo de tus sesos, respirar
en tus entrañas,
arroparme con tus dos pares de labios, ascender, mezclar
mis caos
con los tuyos y
resbalar
hacia la esencia de un vivir casi encantado...
No deseo saber de mi andar en ayeres ni de lágrimas
que mañana
caerán al camino...
No sé si ahora me toca tu mirada tan dividida,
mi piel navega entre volcanes y palomas...
No adivinaré cómo te llamas, pudiste deambular por el mundo
con tu cerebro bajo el pie. Ah espectro,
algo me atrae de ti,
silueta de alguna probable mujer
que yo desearía fundir hasta olvidar mi nombre,
no tener conciencia,
como tú,
de este malsano caminar...
Entre los pliegues de la nada dormiré,
ojalá los espejos no me señalen que en algún rincón me encuentro...
CRISTALES
Ahora sólo en súplica, dejadme en mi lagunar entorno
hasta que la luz abandone
esta fragilidad y
se llene de agujeros alados...
Nadie debe llorar o lamentar mi caída,
nada importa
si la luna se mete en mis bolsillos o aquel extraño planeta
viene a deshojar la estupidez...
No habrá trenes hacia las estaciones
de las magias perdidas
donde se supone aún perdura inocencia y buen andar.
Idos todos
hacia donde apetezcan enfilar sus agujas,
en la otra punta de la diluida senda hay un carnaval
de azafranes y claveles negros.
Tras la piel
ríe la miseria, obliga
al robot a caminar con el cuello almidonado,
allí donde se rompen
todos los conceptos
para que nadie comprenda
el derrumbe
o la perfecta destrucción de la sonrisa.
Es aquí donde quiero estar, encogido, cautivo de las heladas,
como cuando en el cielo
volaban colores sujetos a hilos hechizados:
uno habría bastado
para llegar al puerto anónimo con ese rostro que susurró amarme y
hoy es sólo un aletear de cristales en el viento...
MAS ALLÁ DE LA ZANJA
Parado en el siempre sierpes serpentean más allá del ojo vomitoso
que huele a espantos enlutados.
Alguien se suicida arriba del arpa, torpes animales
se yerguen,
presumen antiguas superioridades sobre honduras
en las estaciones de mudos enjambres,
allí donde duele la platina de los encierros y
hay ausencia de brújulas...
Enanos martirizados en góndolas de empañados vidrios,
oxidadas colegiaturas
sobre roquedales,
una mezcla de hombre y lobo maldice...
en el eje crepuscular
hay sollozos secos
como el alma de auqellos ya desterrados...
Pone máscaras el viento a los cipreses, a la tierra
ya cansada de gemir;
enfrente, la alta silla, desnuda para el vacío:
he ahí la norma,
compromiso de cabalgar hacia estancias ensombrecidas,
caen astros, esqueletos de aguas rojas,
corre corredor corriente y
tras él un trecho,
una nalga rota,
cierta tinaja de gallos diseminados cuyas cabezas gimotean
por las plumas,
¡ah las plumas! y todo no es más que una zanja,
misterio de monje atrapado en un cuándo
vejado por el trazo y la maqueta...
Así cantas,
gorrión sin trino, no posees un faro entre las sienes, cayeron pendones, y
no lograrás encasillar el nunca jamás;
desvarías
en barracas, en rabias endurecidas orladas de apuntes
mientras puntos van y vienen
en el trotar de los idos
en fortuna fortuita del cangrejo que pide disculpas por ser
en la nada...
Exposición de labios retorcidos maldicen,
pugnan por destapar candados de ferias celulares,
allí mueren
en ollas malditas, en sementeríos, y desaparecen por el hueco
donde una noche agonizó el ritmo
debajo de las pestañas del estupor...
Miro el agua:
no me arrepiento de estar,hay demasiadas vanidades
en las esquinas del mundo...
Poesía,
altísima madrehija de los poetas,
desplumados payasos te rompen las rodillas, fornican contigo
en las plazas anónimas,
absurdos aprendices cabalgan sobre tus esencias...
Aunque tus asesinos son alabados en grandes salones
por títeres sin cabeza,
no conseguirán acariciar tus caderas para siempre...
Carlos Ordenes Pincheira
Nota: esta pequeña obra poética no ha terminado.
me había entusiasmado con escribir "poemas del monstruo de la laguna verde" pero"viento","lápida", "vigilante silueta" y "soledades" fueron escritas
a cntinuación de las anteriores y ya no están. No entiendo nada de estos misterios o fantasmitas burlones. No se pudo continuar por estas razones.
gracias
me estoy sintiendo como en la Sech... nadie dice nada. Proseguí escribiendo los poemas del monstruo (3) y cuando comenzaba el cuarto poema, la página o lo que sea desapareció y me encontré con otra pá-
gina: es como si alguien estuviera jugando conmigo. No alcancé a "enviar"
esos tres poemas. Y ya con esto, me despido para siempre. Igual, le doy las gracias a don Antonio Díaz Méndez y a su hija. Me siento burlado y de-
jado de lado exactamente como en la sech.
Adiós.
Carlos Otrdenes Pincheira.
mi monstruo sigue...
VIENTO
Trae un cargamento de sílabas: las empiezo a unir,
un terror helado
me recorre la piel: genocidios, bombas, incendios, catástrofes...
En la pantalla del horizonte
parecieran verse escenas de hielo:
guerras,
infantes de vientres abultados, apenas sostenidos por un par de huesos,
otros, perdida para siempre la luz,
madres tronchadas, violadas, muertas...
En el mundo manejado por cobardes: no trepidan
en aplastar la esencia de la vida.
¡Miserables!
¡Escorias!
¡Torcidos engendros!
Avanzan hermanados a la mortantad, sus odios mancillan sueños,
manitas recientes,
jóvenes hundidos
en la quejumbrosa tierra dolorida de tantas masacres...
Nada los detiene,
ni ancianos arrodillados,
rostros llorosos desencajados de espanto.
El viajero de cristal murmura sobre una cruz retorcida...
¡En qué rincóm o quebrada
es posible encontrar una sola gota de piedad?
Lámparas del planeta
comienzan a pagarse, el firmamento se quiebra,
las aguas se arrugan
ante fabricadas oscuridades.
Inocentes sollozan en las esquinas por sus padres fantasmas.
¡Cómo duele ver
este desfile
de cáscaras empujadas al abismo...!
Deben crecer aprisa los niños de hoy para que mañana
quemen la maldad,
construyan otro cielo y
exista un reparto justo de luciérnagas...
LÄPIDA
¡Cuánta niebla trepando hacia los sueños
en las esquinas murientes!
Deseaba construir una vida,
ser labriego de líneas puras... He defendido
a la mujer
humillada por garras insomnes;
también han sido mías
las hambres del trabajador;
morí
junto al niño desfigurado... y
amé la brizna más leve...
VIGILANTE SILUETA
Un niño me lleva de la mano tras un derrumbe
de ciudadelas descieladas.
Frente al laberinto de siluetas ahogadas,
me detengo,
el agua me devuelve la imagen de un ángel torpe...
Ya no sé quién camina por mí
ni de qué lejanías surgen vocablos; rozan mi alma.
Todo es menos que una burbuja.
Renacer
en un nuevo amanecer
es una carga de ladrillos sobre mis hombros.
Entorno
de aires oscuros vigila cada uno de mis latidos,
dolores renovados, retuercen, modelan
extrañas figuras.
Tarde de clavos arde sobre mi corazón...
SOLEDADES
Vienes a darme un arrebol que no encaja en mi desnudez.
Encendida manzana,
jugo de oro desde tu más íntimo amanecer.
Jade, en un solo instante
dame de beber todas tus miradas...
Después te irás con una tristeza que no quisiera darte.
Sollozante de goces y
raros hemisferios, no existe remedio.
Nadie puede lavar esta herida, nada consolarme
haber perdido
aquel coral de verdes filamentos...
Te cubro de jadeos,
mientras la noche avanza como una carreta
tirada por bueyes fantasmas.
Debes comprender,
se me perdió el amor a la orilla de un llanto prolongado,
cerca de un campo de cruces y amapolas...
Dulce lámpara,
continúa buceando en la tiniebla hasta encontrar una almohada
o un espejo
con tu imagen ya desfigurada,
envejecida de tanto esperar nada...
Quizá el alba venga con luces frescas, perfumadas.
Hasta las hierbas murieron, vaciaron sus jugos en martirio
de animal encanecido...
Es penoso
tener mutilado el firmamento: cicatriz antigua
aún sangra por las tardes... Difícil
es ponerle atajo a ese río de púrpura tormenta...
Rodeados de laberintos, ya no sabemos dónde nacen las estrellas,
vuelan talvez hacia arriba
gracias a la dulcedumbre de los sueños gigantes...
Soy el monstruo dando paso al niño: cómo quisiera
un juego de palitroques
para desafiar al viento...!
Te digo: digna eres de ser amada hasta por el aire.
En estas aguas te ahogarías:
son poderosas y punzantes las lágrimas del sauce
no correspondido.
Dueño
de esta oquedad, grillos dejaron de cantar loas al pan celeste.
Lejano humo de una chimenea
está escribiendo tu nombre...
Yo estoy sollozando paisajes de un tiempo casi transparente...
En distintas polvaredas vamos solos por el mundo...
PAJARO DE ALAS DE MUERTE
Se han despedazado los astros dentro de mi cabeza.
Un pájaro de alas de muerte
picotea mis pulmones.
Antiguos esfuerzos cayeron a un tarro de pálidos olvidos.
Ya no reconoce
cómo mis brazos se rompieron en la lucha por sostener
la dorada esperanza del pan en alto.
Es como si no hubiera estado durante siglos.
Ya no vale haber amaestrado un sol. Perdí mis años azules
entre tierras y hojarascas,
podas y humedades.
Si una lágrima o una píedra me cercaban, no había nadie
en ese helado desierto.
Me vi obligado a caminar cabeza abajo en procura de raíces
que iluminaran
esta miseria de ser en un pedazo de mundo estúpido...
La oscuridad me sorprendía pateando ayeres y deudas.
¡Deberé rastrear calles hasta desaparecer?
Sacarme de esta orilla equivale a perecer
entre los árboles de una noche siempre reciente.
Vivo entre duras aristas.
Ya no tengo ni ángeles para echar a caminar sin rumbo.
BÜSQUEDA
Bestia,
palpemos a Dios en este olor a pasto recién cortado...
¡Morará en esta roca,
en este ojo helado por la muerte:::?
Acaso en el corazón de la laguna
palpite alguna señal,
dejemos estacado el gemido,
sigamos buscando
en la piel oscurecida del dónde,
en el aire,
más allá de las gastadas palabras,
hasta que tú y yo seamos una breve porción de olvido...
sigue el monstruo...
UNA LAGRIMA COMENZARA A RODAR
Quizá nació hace mucho y no vi pasar ese olor
a tiempo joven,
con la infinita certeza
de amar sus manos a orilla de un mar arrodillado...
No feliz suceder,
muerdo la razón y encadeno mi sentir
a un aroma primitivo
donde los acantilados son refugio de cementerios fantasmas...
Ese amor de siglos me persigue.
Nunca su paso por esta ya borrada senda.
¡Dónde estaba este monstruo
que no vio su propia luz pasar?
Talvez sólo son ilusiones de un hombre convertido en secoya
o puede que more
al amparo de las desaparecidas acacias,
esperando el derrumbe de la tarde sobre sus pupilas
o bebiendo arreboles enlutados
temblorosa de angustia al no sentir mi mano en la suya...
¡Dónde su rastro?
Está dentro de mí como un aire esencial, frescor
de estos bordes hinojados;
derroto miradas,
busco alguna estancia o una calle con aspecto de enferma,
surgen ciudades selvas bosques montes,
recorro tratados, enciclopedias, pergaminos, y
no hay signo de nada.
El mundo
-balón de fútbol- se ha dormido entre diabólicas tecnologías,
la fe es apenas un infante maltratado
de palidez enlunada: agoniza sin remedio, solo;
la noche está poblada de clavos,
empieza a inundar las últimas almas...
Algo en mí resbala,
soplo helado me sacude hasta los cimientos, me rebelo y digo:
no creo que todos hayan muerto al pie de las máquinas,
todavía debe respirar
esa parte tan azul que escudriño
en las polvaredas y
pregunto al guitarrero de cristal si ha percibido
el andar de un hermoso aliento...
Esperante, muriéndome estoy, la lluvia
modela círculos mínimos, hay niebla en arbustos
de arcanos corazones,
respiro un poco de muerte...
pasos fragancias vientos arreciantes: nadie camina cerca del musguerío,
me sumerjo y
es ceniza la sensación...
¡Podrá después aparecer toda vestida de músicas?
No seré ya si sucede,
vagaré por tierra y nubes viendo morir los días en mi laguna...
No advertirá mi sonata desde la isla,
seguiré amarrado a un soñar sin formas ni orillas...
Una lágrima comenzará a rodar y jamás envejecerá...
sigue el monstruo...
VIENTO NOSTALGIA
Hundido
en el crepúsculo, escudriño: ciudad taponada de andrajos
vestidos de hombre...
Medito
en cantos apagados, marchita luz del que mira y no ve
su aliento de gusanos escarlatas...
Ah mujer del día más claro,
alma mía, cuerpo de otro, labios amantes, grotescos o inhumanos,
bendecidos
por el espíritu de ninguno nadie,
salta de una vez,
muere como te gusta,
aferrada al gemido mientras el corcel avanza imperturbable
por comarcas
invadidas de goznes y metálicas flores
que huelen a oscuros nacimientos...
Galopas en la noche
distante de aquel autómata carcomido de termitas
¡dale mi bestia hermosa!,
sigue derrmando aullidos, espumas son las sombras,
aguiluchos duermen
en la plazoleta de los carpinteros invisibles...
Es bueno tu llanto ahora y en la hora de nuestra agonía...
No te confundas, quédate con el monstruo de la laguna verde, aléjate
del imperio que te dieron:
reino de camas deshechas, comidas por hacer,
¡levántate conmigo, espantosa belleza mía!,
déjame decirte
que nadie en el mundo
te dará más corales con mano limpia serena mansa,
desata tus cadenas!,
despedaza la cara del abandono
en donde yaces esclava
manipulando cadáveres blancos rojos...
Quédate en mis aguas, te daré estrellas en campanas sumergidas,
frutos de este firmamento
eternizado al fondo de mi refugio de vidrio blando...
Al pie de la noche te suplico: no marches hacia atrás,
no vuelvas,
amo de sillón giratorio
matará tus últimas palomas;
no tendrás consuelo de estas alas llenas de algas,
sabias en el cariño constante.
Yeguada mía,
tu mundo es una pocilga donde cerdos te ordenan comer barro y
guijarros molidos...
Te llevan de la mano al matadero...
No te muevas,
en mi pecho cubierto de musgo encontrarás
aquel perdido lucero
cuando tus ojos cayeron en las ollas recién inauguradas.
DIBUJOS ANIMADOS
Sumidos en agonía y tristeza.
Hace veinticinco años comprendí que formábamos parte
de una película de dibujos animados;
malos, buenos, todos empeñados en levantar edificios de sangre,
pavimentar carreteras
con sudores ajenos, muchachas aplastadas por remedos humanos...
Herido en pleno brotecer,
decidí refugiarme en estas aguas sembradoras de imágenes
para apagar este dolor que no termina...
Hace ya varias lluvias mis algas comenzaron a blanquear...
Basuras humanas -caras de serpientes- aparecen,
sus linternas me enfocan: "muere con nosotros, somos autómatas
en colores, civilización de plásticos y
arrasadas selvas, pronuncian tu nombre... Ponte una máscara,
entra a la escena..."
Miro la tierra desolada, oigo un rugir de sierras, y caen
mis hermanos alerces,
estremecedor grito angustia dolor impotencia;
aves son abatidas entre risotadas,
animales pierden sus hogares... Escucho carcajadas; hierbas, arbustos,
extraños ingredientes son arrojados. No logro entender
el lenguaje último de marcas y falsedades...
El viento pareciera refugiarse en un gran lamento.
Carpas, pejerreyes, alevines, empiezan a morir...
Mi cabeza
está llena de alfileres... Terrible mensaje, verdes hijos, peces, aguas,
todos estamos apagándonos...
Sobre mi pecho aún tibio, ¿se desploma el último pájaro del planeta?
CIEN NOMBRES
En obligados anhelos marchaba a mi lado
vestida de llamas.
Desde el tiempo del canto en las breñas,
en plenilunios
me visitaba;
decía amar el galope entre lamentos y guitarras...
Nunca su voz se alzó
para detener mi caída en la niebla...
Es penoso saberlo: aquella puerta sólo se abre
cuando dejamos fuera
la sensación establecida del nunca,
tosca lágrima del por qué...
Desde esta orilla la vi partir...
Era hermosa como la noche atrapada por una luciérnaga.
Amargo estoy: me aplasta un grano de arena,
las aguas se retuercen,
hay cierto temor entre las hojas...
La tarde es una mujer pooseída por un joven perfume.
EN LA SOLEDAD DE LAS AGUAS
sigue el monstruo...
VIENTO NOSTALGIA
Hundido
en el crepúsculo, escudriño: ciudad taponada de andrajos
vestidos de hombre...
Medito
en cantos apagados, marchita luz del que mira y no ve
su aliento de gusanos escarlatas...
Ah mujer del día más claro,
alma mía, cuerpo de otro, labios amantes, grotescos o inhumanos,
bendecidos
por el espíritu de ninguno nadie,
salta de una vez,
muere como te gusta,
aferrada al gemido mientras el corcel avanza imperturbable
por comarcas
invadidas de goznes y metálicas flores
que huelen a oscuros nacimientos...
Galopas en la noche
distante de aquel autómata carcomido de termitas
¡dale mi bestia hermosa!,
sigue derrmando aullidos, espumas son las sombras,
aguiluchos duermen
en la plazoleta de los carpinteros invisibles...
Es bueno tu llanto ahora y en la hora de nuestra agonía...
No te confundas, quédate con el monstruo de la laguna verde, aléjate
del imperio que te dieron:
reino de camas deshechas, comidas por hacer,
¡levántate conmigo, espantosa belleza mía!,
déjame decirte
que nadie en el mundo
te dará más corales con mano limpia serena mansa,
desata tus cadenas!,
despedaza la cara del abandono
en donde yaces esclava
manipulando cadáveres blancos rojos...
Quédate en mis aguas, te daré estrellas en campanas sumergidas,
frutos de este firmamento
eternizado al fondo de mi refugio de vidrio blando...
Al pie de la noche te suplico: no marches hacia atrás,
no vuelvas,
amo de sillón giratorio
matará tus últimas palomas;
no tendrás consuelo de estas alas llenas de algas,
sabias en el cariño constante.
Yeguada mía,
tu mundo es una pocilga donde cerdos te ordenan comer barro y
guijarros molidos...
Te llevan de la mano al matadero...
No te muevas,
en mi pecho cubierto de musgo encontrarás
aquel perdido lucero
cuando tus ojos cayeron en las ollas recién inauguradas.
DIBUJOS ANIMADOS
Sumidos en agonía y tristeza.
Hace veinticinco años comprendí que formábamos parte
de una película de dibujos animados;
malos, buenos, todos empeñados en levantar edificios de sangre,
pavimentar carreteras
con sudores ajenos, muchachas aplastadas por remedos humanos...
Herido en pleno brotecer,
decidí refugiarme en estas aguas sembradoras de imágenes
para apagar este dolor que no termina...
Hace ya varias lluvias mis algas comenzaron a blanquear...
Basuras humanas -caras de serpientes- aparecen,
sus linternas me enfocan: "muere con nosotros, somos autómatas
en colores, civilización de plásticos y
arrasadas selvas, pronuncian tu nombre... Ponte una máscara,
entra a la escena..."
Miro la tierra desolada, oigo un rugir de sierras, y caen
mis hermanos alerces,
estremecedor grito angustia dolor impotencia;
aves son abatidas entre risotadas,
animales pierden sus hogares... Escucho carcajadas; hierbas, arbustos,
extraños ingredientes son arrojados. No logro entender
el lenguaje último de marcas y falsedades...
El viento pareciera refugiarse en un gran lamento.
Carpas, pejerreyes, alevines, empiezan a morir...
Mi cabeza
está llena de alfileres... Terrible mensaje, verdes hijos, peces, aguas,
todos estamos apagándonos...
Sobre mi pecho aún tibio, ¿se desploma el último pájaro del planeta?
CIEN NOMBRES
En obligados anhelos marchaba a mi lado
vestida de llamas.
Desde el tiempo del canto en las breñas,
en plenilunios
me visitaba;
decía amar el galope entre lamentos y guitarras...
Nunca su voz se alzó
para detener mi caída en la niebla...
Es penoso saberlo: aquella puerta sólo se abre
cuando dejamos fuera
la sensación establecida del nunca,
tosca lágrima del por qué...
Desde esta orilla la vi partir...
Era hermosa como la noche atrapada por una luciérnaga.
Amargo estoy: me aplasta un grano de arena,
las aguas se retuercen,
hay cierto temor entre las hojas...
La tarde es una mujer pooseída por un joven perfume.
EN LA SOLEDAD DE LAS AGUAS
los anónimos petenecen a los cobardes, a las ratas (con el perdón de ellas).
son menos que lacras. ¡asquerosos!, !seres indignos de llamarse humanos...!
dejo constancia que hoy en la mañana escribí el penúltimo poema de mi libro
"poemas del monstruo de la laguna verde" y cuando iba a escribir el último,
el anónimo de siempre me interrumpió y ya no pude seguir y, para su alegría, no terminaré de escribir esta pequeña obra. Esto no es primera vez que pasa y aclaro que no soy torpe al escribir, pues antes fui dactilógrafo y
era apreciado mi trabajo porque no incurría en faltas de cualquier tipo. Por
tanto, no es que meta mal un dedo o que esté cazando pajaritos cuando estoy escribiendo... ¡No! Aquí hay un pobre gato envidioso que no revela su
nombre y siempre está listo para cortarme cuando escribo.
Para más información acerca de mi pericia al teclear, debo manifestar que
los comentarios (buenos o malos) firmados por mí han sido escritos de primera mano, esto es, no hago primero una copia para después escribirla aquí. Cada cosa que he dicho (excepto los nicuentos y los poemas y cuentos infantiles) la he escrito en el momento... Fueron escritos en forma natural, espontánea. No tengo copia de ellos. Ahora mis
mo pensaba escribir algunas cosas sobre tomas de terrenos en que participé siendo un joven de 21 años y otros comentarios acerca de gente
sin trabajo, niños muertos de hambre y mujeres derrotadas por la vida miserable que les tocó vivir... ¿Qué deseos puede tener uno si hay un ser negativo que interfiere y no solo eso, sino que hace daño. Hace daño
porque a mi me cuesta mucho escribir largo tiempo debido a tonterías físicas... Esa mala persona algún día talvez entienda que es un pobre y
triste gato mojado... Favor, no me vuelvan a decir, que talvez me equivoqué, que talvez esto o talvez esto otro. No, por favor. Si digo que
había terminado el penúltimo poema, es porque así fue, y de inmediato iba a escribir el final cuando fui interrumpido y el poema ya escrito desapareció. Yo no creo en brujos ni en enanos juguetones. Creo en muy
poca gente buena y en mucha gente malvada.
Carlos Ordenes Pincheira
hay cosas que no entiendo, señor Díaz Méndez, yo dije en otro "pasaje" que la
familia de Eliana Navarro no alcanzó a leer lo que yo escribí con motivo de su fallecimiento y de allí me mandan a INICIO donde no encontré nada. ERROR 500.
No sé qué se trata. Ahora bien, quisiera saber si podré seguir escribiendo y, luego
dehacerlo, desaparecerá, como el mini comentario antes mencionado... Favor, necesito una respuesta.
Carlos Ordenes Pincheira
DOS PALABRAS A LA POETA XIMENA ADRIASOLA
Querida poeta y amiga, cómo está tu salud? ¿Dónde te encuentras? ¿Qué estás haciendo en este tiempo? No sé habrás visitado la SECH, está
muy distinta, hay una atmósfera rarísima y unos cuantos desconocidos... Hace
mucho que no voy por razones de indole física.
No tengo odios a quienes manejan ahora la SECH, no hay nada personal,
lo que no me agrada es las cosas que han hecho y otras que no han hecho.Me llama la atención que todos los premiados en consejo del libro (o como se llame) están muy apegados y muy arrastrados al presidente y a la ex agradable Cecilia... Y no son pocos...
Por mi parte, querida amiga, no estoy con salud muy buena, tú ya sabes que no puede ser de otra manera, al contrario, va empeorando cada día...
Igual estoy trabajando en una antología, no por temas, voy de a poco... También estoy en la publicación de mi último libro de poemas escrito a comienzos de 2006, justo al terminar es cuando decidí no escribir más, y lo he cumplido, aunque, claro,dan ganas de seguir escribiendo y surgen nuevas ideas y nuevos caminos poéticos que me llevarían a una poesía rupturista, distinta la que ya conoces y has comentado muy bien.
Así las cosas, me pregunté muchas veces y "para qué", si, al fin y al cabo,
jamás seré reconocido, se haga lo que haga. Y como nunca he lamido traseros y acariciado espaldas de gente "importante", de los infaltables pitutos, esa raza odiosa que se debería extinguir como se extinguen las
ratas...
Tampoco ando con un bombo diciendo aquí estoy, soy amigo de los dioses
directivos y quiero que ahora me premien... Jajaja´Y los mediocres siguen brotando como cizaña o cicuta... ¿Y sabes por qué tanto abundan?
Porque estos jetones no nacen como todos, no, a estos los siembran en grandes almácigos y esa es la razón de que haya tantos lametalones hoy...
Te doy el título de mi ´último libro" "Poemas para un lobo en fuga..."
Tengo 12 o 15 libros inéditos. Todos ellos irán a reciclaje cuando yo me vaya, eso sin duda, lo que no debe extrañar, pues eso ocurre con los escritos inéditos de los poetas... Somos de una raza maldita. Cada cual tiene lo suyo y no le interesa lo de otro...
En cambio, yo siempre quise publicar la obra de muchos autores, mejor dicho, autoras. y algo de satisfacción me trajo eso, pues unas pocas poetas me agradecieron con mucha alegría... Otras dijeron que con mis hechos las había impulsado de nuevo a escribir por cuanto ya se sentían absolutamente fuera de lugar y lo de la poesía era algo así como un sueño lindo y nada más... La mayoría, en cambio, no me dijo ni la hora...
Así es la gente, poetas o no.
Tú sabes, yo soy feliz si encuentro un buen poema escrito por una mujer muerta hace uno o dos siglos...Igual la siento con conmigo en la noche, como si estuviera de cuerpo presente, a mi lado, observando lo que estoy
tratando de hacer con su poesía...
Favor, contéstame. Ah, la antología "el libro de la lluvia" que te dejé en secretaría, supe que te lo habían robado. No me extraña, el día del lanzamiento, entre tantas voces y comelotodos, se me quedó una caja con 30 o 40 ejemplares...Nadie supo nada...
Así son algunos poetutos...
Hasta siempre, amiga. No hagas como otros señores a los cuales les escribo y jamás responden. Sé tú la excepción.
Carlos Ordenes pincheira.