Estoy instalado en otra casa, transitoriamente, je, eso se dice siempre cuando uno escapa del cuchitril en el que ha vivido, y luego te dan la PLR.
Lo que hoy les narro viene de muy cerca, es lo último que se dio en El Conventillo y lo transcribo aquí.
El metal de la tarde dejó seco el sonido de su color cargado de vaticinios predecibles.
Siempre se da eso de sustraerse de la vida.
En fin, en estas andanzas por un lado y otro, como que atina. Luego la realidad te muestra con acierto y levedad la magia de los sueños, una quimera. Como si anduviera uno buscando parrilla de vetas. ¡Diablos!
Cierto, vence el destino, "nadie la talla" dice el tango "Adiós Muchachos". Es lo que marca al roto fatal que la urge buscando, y cuando más, apenas, encontrarás el pajarito de oro de Pedro Urdemales.
Se da una fiesta de amor que comienza en una calle del puerto histórico. Todo se dio realmente, así, tan espontáneo. Me dije: "esto no terminará bien huachito, no, ni te lo imagines."
Se acuerdan de "El Lobo Estepario" de Hesse: "Es muy bonito por tu parte que quieras guardar fidelidad a esta amiga maravillosa, pero permíteme, no tomes esto tan completamente en serio. Ya tengo de tí la sospecha que tomas el amor terriblemente en serio" (Hermann Hess)
Cuanta pena y conversaciones han pasado.
Un día completo de amor iniciado alzándola en los brazos y luego en "El Vizio" sirviéndose un magro café con leche y un sandwich, porque más fue el amor.
Todo se fue interponiendo. Palabras como chorros de agua fría. Sin nada que pusiera solución a este estado de apuros tremendamente ensanchado por un camino largo y penoso.
Acaso pudiera vivir de nuevo todo.
La vida veleidosa como cuando se busca metal, derrotero por derrotero. Atormentados por cadenas vivibles e invisibles.
Un día, en esa tierra recorrida de soles. El agua que destilaron esos cuerpos hasta deshidratarse.
Rememorar esta Puerta del Sol que no es Tiwanaku.
Todo se compensaría con una suculenta empanada de mariscos en "Empanadopolis". Tal vez esa sopa marinera humeante y enrojecida por el pimentón. Abundante pescado frito, la brisa marina y el poderoso té frío servido en discreta taza de cerámica de Penco con pajaritos estampados.
El barrco quieto allí, carcomido por la broma.
Cada día escribiendo algo nuevo que nacía del alma. Tanto indecible, universos despertando.
Marcado a fuego lo que leo en una despedida como si fuese salida de las páginas de "Crónica de los pobres amantes" de Vasco Pratolini. Todo se guarda como tesoros preciados, las inumerables finuras de obsequios, fotos... la herida es un volcán inextinguible.
Nombres y lugares han sido arrancados con tenazas.
Van andando los recuerdos, amparados en más de un instante de gracia, como el ir tomados de la mano por Corrientes. Luego palabras y silencios, realizando una mezcla de dulce con amargo, hebras de pequeñas noches que dan un tejido especial que se tensa.
"Las cosas fueron de esta forma y nada más".
En medio de polvo y niebla que se atiniebla más y más. Tanto que nos queda encarnado , que es dura espina incrustada que ya no saldrá más del cuerpo. El Mirón de la Calle