La visita del Embajador yanqui a Villa Grimaldi no es, por supuesto, ningún
signo de rechazo frente al brutal y sanguinario atropello a los derechos
humanos en nuestro país, que significó miles de torturados, asesinados y
desaparecidos. Esa es una vieja política del imperio cuando necesita
defender sus asquerosos interesos. Con Chile en el pasado, se trataba de
castigar la temeraria osadía de nuestro pueblo de "tomar por asalto el
cielo" y liberar a nuestra nación de las ataduras del imperio. Hoy día se
practica lo mismo en otras latitudes del mundo cuando defiende sus intereses
petroleros en el Medio Oriente que ha significado la muerte de miles y miles
de patriotas iraquíes. Y no cabe la menor duda que se seguirá implementando
esta forma de hacer política cuando observamos las amenazas a los pueblos y
sus gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Todos sabemos lo que ha
significado en términos de represión y bloqueo yanqui en contra del glorioso
pueblo de Cuba por construir su socialismo. Por ello creo que la visita del
señor Embajador a Villa Grimaldi, casa del horror y del dolor, es una ofensa
a los miles y miles de torturados y asesinados y sus familiares. Ese señor
debió de haber sido expulsado de ese sagrado lugar, repudiando con fuerza su
nueva ofensa. El sabe muy bien que ese golpe de Estado encabezado por el
innombrable fue buscado, financiado y sostenido por el gobierno de su país de
ese entonces, y hasta la fecha no ha habido de parte de las autoridades yanquis
sin ningún acto de arrepentimiento. Tampoco él lo ha expresado.

CHILE: MAS SOBRE LA VISITA DEL EMBAJADOR DE BUSH A VILLA GRIMALDI

Me alegró mucho leer el comentario de Juan Albornoz, a propósito de la "cortesía" de la visita a Villa Grimaldi del embajador de USA en Chile. Siendo argentino (aunque para mi no hace diferencia, soy consciente que no sucede lo mismo con todo el mundo) me pareció prudente no opinar sobre aquella nota entre crítica y valorativa respecto de la "cortesía" del embajador. Sin embargo, me había generado mucha bronca el increíble cinismo del funcionario.
Cualquiera que conozca la intervención directa del gobierno norteamericano de entonces para derrocar al gobierno de la Unidad Popular, pergueñada incluso antes del triunfo electoral, cuando el posteriormente designado Premio Nobel de la Paz, Henry Kissinger, había establecido la fórmula según la cual su país, EEUU, se reservaba el derecho de intervenir allí donde "los pueblos no están maduros para elegir a sus propias autoridades" , es decir, en realidad, allí donde deciden poner freno al saqueo imperial, como se atrevió a hacer ese héroe chileno y latinoamericano que fue Salvador Allende, digo, cualquiera que conozca esa política que EEUU impulsó y cuyo brazo ejecutor fue Pinochet & Cía en Chile, Videla & Cía en Argentina, etc., no puede menos que repudiar semejante cinismo.
Tan sólo para pasar por la vereda de cualquier centro de detención, torturas y desaparición de personas, estos representantes del imperio deberían primero hacer un reconocimiento público del papel protagónico que desempeñaron, de las razones por las que impulsaron tales crímenes, de los personajes internos y externos que fueron cómplices, de los beneficiarios de sus crímenes.
A continuación deberían ir de rodillas a pedir perdón por lo que hicieron a todos y cada uno de los familiares de las víctimas. Perdón que nunca se les debería conceder, porque lo que hicieron al conjunto del pueblo chileno, y que siguen haciendo como bien señala Juan Albornoz, eso no tiene perdón.
Luego, deberían devolver a Chile (y al resto de latinoamérica y del mundo) todo lo que robaron y siguen robando con políticas que sitios como Villa Grimaldi ayudaron y ayudan a imponer mediante el terror y el crimen.
Recién ahí estos criminales podrían pasar por la vereda de los antros de inhumanidad que supieron diseñar, pero sólo para continuar el camino a la cárcel, que es donde deberían estar.
Finalmente, el cínico personaje, con una actitud burlesca que solo el absoluto desprecio por el pueblo puede explicar, argumenta que "de lo que hicieron otros no puede opinar": ¿acaso está en Chile en nombre propio, o como turista?. No, se trata del representante de un Estado que tiene continuidad histórica, por lo tanto debe rendir cuentas de lo hecho, aunque no haya sido protagonista.
Desde luego, no podemos esperar que el gobierno de EEUU, a través de un funcionario, reconozca el infame papel que desempeño y desempeña ese país en el mundo: sería el suicidio de su política imperial.
Pero lo que sí podemos es evitar que nos vengan a tomar el pelo. Y esmerarnos en mantener las ideas claras.