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17 Diciembre 2006

LA ILEGITIMIDAD DE PINOCHET Y LA DOCTRINA OSCAR IZURIETA

Enviado por: "Germán F. Westphal" westphal@umbc.edu

El General Comandante en Jefe del Ejército de Chile, Oscar Izurieta,
en su discurso de homenaje a Augusto Pinochet Ugarte el 12 de
diciembre, ha tenido la desvergüenza de justificar el golpe de Estado
encabezado por éste y el tal llamado “Gobierno de las FF.AA. y de
Orden” administrado con poderes prácticamente absolutos por el Dictador.

En la medida que Izurieta ha hecho tal justificación, está
tácitamente diciendo que bajo similares circunstancias, él o
cualquier otro General de la República estaría plenamente justificado
en repetir la "gesta" de Pinochet.

Esto es absolutamente inaceptable en la medida que refleja una
postura de insubordinació n ante el poder civil por su naturaleza
altamente deliberante y sediciosa.

En efecto, la Presidenta de la República autorizó a Izurieta a
rendirle honores a Pinochet única y exclusivamente en su calidad de
ex Comandante en Jefe del Ejército y, por tanto, Izurieta debió haber
restringido su homenaje a tal calidad. En la medida que su discurso
elaboró y tuvo la osadía de justificar al Pinochet político y
golpista, Izurieta infringió la autorización que recibió, incurriendo
en abierta insubordinació n frente al poder civil al que debe
obediencia y respeto. Esto debería ser suficiente para removerlo de
su cargo.

Sin embargo, Izurieta fue más allá con su justificación del golpe de
Estado del 11 de septiembre de 1973, haciendo pública su postura
altamente sediciosa en la medida que tal justificación busca validar
la ilegalidad e ilegitimidad del golpe mismo y del tal llamado
“Gobierno de las FF.AA. y de Orden” que Pinochet le impuso al país
por 17 años por la fuerza de las armas. En efecto, los Artículos 3, 4
y 22 de la Constitución Política de la República de Chile vigente al
11 de septiembre de 1973, establecían claramente:

"Art. 3.- Ninguna persona o reunión de personas pueden tomar el
título o representació n del pueblo, arrogarse sus derechos, ni hacer
peticiones en su nombre. La infracción de este artículo es sedición."

"Art. 4.- Ninguna magistratura, ninguna persona, ni reunión de
personas pueden atribuírse, ni aun a pretexto de circunstancias
extraordinarias, otra autoridad o derechos que los que expresamente
se les hayan conferido por las leyes. Todo acto en contravención a
este artículo es nulo."

"Art. 22.- La fuerza pública es esencialmente obediente. Ningún
cuerpo armado puede deliberar.

En la medida que Augusto Pinochet violó reiteradamente los artículos
citados a pesar de que para otros efectos invocaba la Constitución
que los incluía, la única conclusión posible es que los poderes que
se atribuyó no tenían ninguna legalidad ni legitimidad. (*)

Por tanto, se sigue necesariamente que el discurso de Izurieta ha
justificado la ilegalidad e ilegitimidad del golpe de Estado de 1973
y la dictadura pinochetista.

En la medida que los discursos de los Comandantes en Jefe establecen
la doctrina con que manejan las instituciones militares bajo sus
órdenes, tenemos lo que ciertamente podemos llamar "la doctrina Oscar
Izurieta": los golpes de Estado en violación al ordenamiento
constitucional vigente están justificados en cualquier situación de
conflicto que el Comandante en Jefe considere insuperable, tal como
hizo Pinochet en 1973.

La aberración de esta doctrina tácitamente incluida en el discurso de
Izurieta ante el féretro de Pinochet, obliga a la Presidenta de la
República a removerlo de su cargo pues refleja una ideología
incompatible con el ordenamiento democrático del país, por precario y
parcial que tal ordenamiento sea.

Si la Presidenta de la República falta a su obligación de defender la
democracia como cuestión de principio, estará pavimentando el camino
para el próximo "putch" militar, "tanquetazo" , "boinazo", "ejercicio
de enlace" o total desmantelamiento de las instituciones
republicanas, tal como ocurrió el 11 de septiembre de 1973 --un
desmantelamiento plenamente justificado según el sedicioso General de
la República, Oscar Izurieta.

____________ _________ _________
(*) Ciertamente se podría argumentar que a pesar de todo lo señalado,
Augusto Pinochet fue legitimizado como “Presidente de la República”
en virtud del pebiscito que aprobó la Constitución de 1980. Sin
embargo, incluso si aceptamos este razonamiento como válido, el mismo
razonamiento implica reconocer la ilegalidad e ilegitimidad de su
gobierno por lo menos desde 1973 a 1980. Además, incluso el
plebiscito que convocó es cuestionable en virtud de los mismos
artículos citados, un debate en el cual no es necesario entrar pues
el hecho es que tal plebiscito fue realizado sin registros
electorales ni control democrático alguno y la ciudadanía se vio
obligada a participar bajo la presión sicológica de los fusiles del
Dictador, lo que invalida sus resultados desde todo punto de vista
democrático

EL SEDICIOSO DISCURSO DE OSCAR IZURIETA

Discurso de general Izurieta durante funerales de Augusto Pinochet

Texto íntegro del discurso pronunciado por el comandante en jefe del
Ejército, durante los funerales del fallecido ex uniformado.

Santiago, 12 de diciembre de 2006.

En representació n del Ejército chileno y en cumplimiento a la
tradición militar, como comandante en jefe me asiste la penosa
responsabilidad de despedir los restos mortales del capitán general
Augusto Pinochet Ugarte, en su calidad de ex comandante en jefe del
Ejército desde el 23 de agosto de 1973 hasta el 10 de marzo de 1998.

Expresamos a su distinguida esposa, Sra. Lucía Hiriart de Pinochet, a
sus hijos, nietos y bisnietos, a todos los miembros de su numerosa
familia –que tanto amó– nuestros sentimientos de pesar y las más
sinceras condolencias por esta irreparable pérdida que los acongoja.

Compartimos el dolor y los acompañamos en su duelo. Pedimos a dios
que los reconforte y les dé la necesaria fortaleza para sobrellevar
este momento, con la resignación de la fe en la vida eterna, y la
esperanza que su muerte pueda contribuir a mitigar las pasiones que,
en torno a su persona y obra, se generaron en la sociedad chilena.

Dejemos a la historia un examen objetivo y justo, respecto a su
protagonismo en los procesos políticos, económicos y sociales en los
cuales le cupo participación.

Nos encontramos asistiendo al final de la dilatada vida de servicio
público de un hombre que, en su momento, debió trasponer los umbrales
de su profesión para asumir la conducción del estado.

En consecuencia, su carrera militar, especialmente la que desarrolló
como general de la república, no podría abordarse a cabalidad
soslayando la dimensión política de sus actuaciones, pues en él se
funden el soldado y el jefe de estado.

El general Augusto Pinochet Ugarte ingresó el 3 de marzo de 1933 a la
escuela militar y formó parte de la promoción de oficiales que se
graduó en 1936, en el arma de infantería.

Los años de oficial subalterno transcurren entre la instrucción,
campañas, maniobras y cursos de perfeccionamiento.

Cumplió destinaciones en la escuela de infantería y en los
regimientos “Chacabuco” en Concepción y “Maipo”, en Valparaíso;
ocasión esta última que le permitió el reencuentro con sus viejos
amigos y maestros de su colegio “sagrados corazones de los padres
franceses”, con los cuales mantuvo siempre contactos de mutua
consideración y afecto.

El 29 de enero de 1943, siendo oficial instructor de la escuela
militar, contrajo matrimonio con la señorita Lucía Hiriart Rodríguez.
De esta unión nacieron sus cinco hijos: Lucía, Augusto, Verónica,
Marco Antonio y Jacqueline.

Su vida familiar transcurre entre las responsabilidades y
preocupaciones propias de compartir los sacrificios de la vida
militar y la conformación de un hogar, que debe adaptarse a las
particulares vivencias de destinaciones y continuos desafíos
profesionales.

El año 1946, ya capitán, es destinado al Regimiento de Infantería nº
5 “Carampangue”, con guarnición en Iquique. En este traslado conoce y
asimila en profundidad la tradición histórica y militar de esa región.

Nace así su interés por el estudio de las campañas de la guerra del
pacífico, que lo llevan posteriormente a publicar trabajos de
investigación sobre esta materia; inquietud que mantuvo durante toda
su vida.

En 1949 ingresó a la academia de guerra, titulándose como oficial de
estado mayor en 1951. Pasó a cumplir servicios en la escuela militar
y, seguidamente, en el Regimiento de Infantería nº 4 “Rancagua”, en
arica, donde asciende a mayor.

Tempranamente el general Pinochet demuestra sus inquietudes
académicas en el conocimiento de la geografía militar y la
geopolítica. Como profesor titular de las academias de guerra del
Ejército y de la Fuerza Aérea, contribuyó a la formación de los
futuros especialistas en estas materias.

Son producto de esta dedicación varios libros que se transforman, en
su época, en textos de consulta en los institutos de formación
profesional militar.

En 1956 es designado, junto a otros distinguidos oficiales, a cumplir
comisión de servicio como profesor militar en la academia de guerra
del Ejército ecuatoriano; actividad que se prolongaría hasta 1959, y
en la que participa en la reorganizació n de ese instituto de estudios
superiores.

Esta etapa de su vida profesional y privada, lejos de la Patria, la
resume en sus memorias con especial nostalgia, al escribir: “Ecuador
había significado para mí en lo personal, junto a la llegada de dos
de mis hijos, un período de intensos estudios y trabajo por casi
cuatro años, tiempo que me permitió conocer profundamente a los
habitantes de esta querida república hermana”.

Al término de esta comisión fue destinado como asesor de estado mayor
al cuartel general de la i división de Ejército, donde asciende a
teniente coronel.

Meses después, en enero de 1960, es designado comandante del
regimiento de infantería nº 7 “esmeralda”, una de las unidades más
gloriosas del Ejército. Permanece en este cargo hasta 1964, lo que le
permite trabajar en un estrecho contacto con la sociedad antofagastina.

Cumplido el requisito reglamentario de mando fue designado, en
febrero de 1964, subdirector de la academia de guerra; donde continuó
desarrollando su vocación docente en la preparación de los futuros
oficiales especialistas primarios.

Al ascender a coronel se le nombra jefe de estado mayor de la II
División de Ejército, en santiago. Su quehacer profesional es
compartido con su actividad académica; tarea en que no deja de estar
presente, pese a las responsabilidades asumidas.

En 1969 es ascendido a general de brigada y designado comandante en
jefe de la VI División de Ejército, con asiento en la ciudad de Iquique.

Como integrante del alto mando institucional y en su calidad de
oficial general, le correspondió desempeñarse, además, como
comandante de la guarnición de Ejército de Santiago, en 1971, y jefe
del estado mayor general del Ejército, en 1972 y 1973; puesto en el
cual debe reemplazar en varias oportunidades al comandante en jefe.

El 23 de agosto de 1973 es designado comandante en jefe del Ejército.

El pasado institucional del general Augusto Pinochet Ugarte nos habla
de una trayectoria que, por circunstancias excepcionales, se prolongó
por más de sesenta años entregados al Ejército.

Su carrera militar –como la de muchos– se forjó en la tradición del
esfuerzo; el estudio constante y el conocimiento íntimo del pueblo
chileno y de su historia.

Sin duda alguna, la decisión más difícil de la vida de soldado del
general Pinochet fue su determinación para –de consuno con la Armada,
la Fuerza Aérea y Carabineros de Chile– asumir las responsabilidades
superiores de conducción del estado, ante la gravísima crisis
institucional que vivía el país.

El 11 de septiembre de 1973 –sin dejar de ser comandante en jefe del
Ejército– es designado por sus pares como Presidente de la honorable
junta de gobierno, y, posteriormente, asume como Presidente de la
República, hasta el 11 de marzo de 1990; fecha en la que, conforme a
las disposiciones constitucionales vigentes, entrega el cargo a don
Patricio Aylwin Azócar.

No me corresponde evaluar aquí al gobierno militar. Tampoco es mi
propósito efectuar un detallado relato de las condiciones a las que
se enfrentó el entonces comandante en jefe para decidir obrar en el
sentido que lo hizo. Creo sí indispensable, para contribuir al
esclarecimiento de una época tan compleja –inserta en la dialéctica
de la Guerra Fría–, mencionar que el Ejército también era víctima de
la pasión política desatada, que amenazaba su unidad. Esto ocurría, a
su vez, en el seno de las otras ramas de la defensa nacional, con la
peligrosidad que ello representaba para la supervivencia del país.

Cuando el general Pinochet resuelve actuar el 11 de septiembre de
1973, lo hace en el convencimiento que no había otra salida posible a
la crisis.

Años más tarde, escribió lo siguiente sobre este momento de su vida:
“…me resistí a actuar hasta el final, no obstante el clamor ciudadano
que golpeaba las puertas de los cuarteles pidiendo nuestra
intervención. Esperé, no por temor, sino por una secreta esperanza de
que se pudiera superar pacíficamente aquella extrema situación de
crisis institucional.”

Otros actores serán los encargados de justipreciar, en toda su
integridad, con sus luces y sus sombras, esta etapa de su vida.

En tal sentido, el general Pinochet constituye un testimonio de una
época, que inevitablemente hubo de vivir el país, por desencuentros
que antecedían a su gobierno, y por los que se generaron durante su
administració n.

Desde una perspectiva estrictamente militar, deseo mencionar,
también, algunos aspectos de su gobierno que influyeron en el devenir
de las FFA.AA., y en particular del Ejército.

Su régimen tuvo una vocación preferente por la paz regional y la
solución de controversias vecinales de larga data. El manejo de las
crisis internacionales vividas por Chile, en 1974 y 1978, nos hablan
de su capacidad para comprender las desastrosas consecuencias de una
guerra externa, que prolongaría los antagonismos, impidiendo las
posibilidades de desarrollo e integración, en un mundo que pronto
sería globalizado.

Destaca, asimismo, su visión y compromiso –y el de la institución a
su mando– con el progreso y desarrollo nacionales, materializando,
entre otras, las trascendentales obras de la carretera longitudinal
austral, gracias a su personal empeño y tenacidad, lo que permitió
que hoy día se pueda ver consolidado el proyecto nacional de unir
físicamente el territorio.

Significativo resulta además la concepción sobre la nueva división
político-administrat iva del país. Ella dejó al descubierto la
necesidad de que el Ejército contribuyera a superar la falta de
desarrollo en las fronteras interiores, no sólo por medio de obras
viales, sino que también con la ocupación física del territorio y el
establecimiento de unidades militares en zonas aisladas.

En los últimos años de su carrera, como comandante en jefe, sentó las
bases de lo que sería más adelante el proyecto de modernización
institucional, especialmente respecto a los procesos educativos, de
instrucción y a la incorporación definitiva de la mujer a la
profesión militar.

De acuerdo a los preceptos establecidos en la constitución, hizo
entrega de su cargo de comandante en jefe del Ejército el 10 de marzo
de 1998, pasando a ser senador vitalicio.

En esta nueva etapa de su vida, ya retirado, debió enfrentar un
conjunto de demandas y querellas judiciales derivadas de sus actos
como gobernante; las que persistieron hasta el día de su deceso.

La situación de los derechos humanos constituye el aspecto más
controvertido de su gestión. Él mismo, años después, se condolió por
tanto sufrimiento. Más recientemente, en noviembre de 2006, asumió la
responsabilidad política de todo lo obrado durante su gobierno.

El general Pinochet, murió sin haberse sustraído a la acción de los
tribunales de justicia, de acuerdo al estado de derecho que rige en
el país.

En tal sentido, y conforme a lo que sostuvo durante su detención en
el reino unido, siempre reconoció la exclusiva competencia de los
tribunales chilenos para juzgarlo.

En lo que toca al Ejército, nuestra posición, referida al respeto de
los derechos humanos es bien conocida. Ésta ha sido establecida
claramente por mis dos antecesores.

Como comandante en jefe del Ejército de todos los chilenos reafirmo
hoy, absolutamente, dicha posición. Ésta ha permitido dar los pasos
necesarios para avanzar en el esperado reencuentro de nuestra sociedad.

Distinguida Sra. Lucía, familia Pinochet-Hiriart, autoridades
presentes, señoras y señores:

Nos encontramos frente al féretro de un hombre que jugó uno de los
papeles más gravitantes en la historia del Chile contemporáneo. Su
obra deberá recorrer aún un largo camino para que surja una visión
equilibrada y serena respecto de su actuación, con la nitidez que el
bálsamo del tiempo da a la historia, para que ella realice, sin
presiones ni premura, su edificante tarea aleccionadora.

Mientras ello no ocurra, los invito a que rescatemos, entre todos los
chilenos, aquello que ya sabemos que nos une, evitando volver a
repetir los errores del pasado, que tanto daño hicieron a nuestra
sociedad.

En la hora de sus honras fúnebres, el Ejército reconoce en el general
Pinochet a un soldado que amó grandemente a su patria. Fue este
sentimiento el que inspiró siempre su vida militar. Esta verdadera
pasión la reflejó, cuando expresó: “amo a Chile por sobre todas las
cosas, y ni aún las más dolorosas circunstancias que deba enfrentar
impedirán que, con toda la fuerza de mi espíritu, a la distancia,
repita siempre, una y mil veces, ¡viva Chile!”

¡Augusto Pinochet Ugarte, Capitán General, ex Comandante en Jefe del
Ejército: descansa en paz!

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Aquí me dieron un año que no es el año por que de seguro no hay año para mí, nací en 1933. Soy, quién soy, mis amigos me dicen "Garabato", aunque a mi abuelo le decían igual, él nació en 1886... se fue a los 98 años, fumaba, se peinaba su único pelo en medio de su calva y miraba a las muchachas en la plaza... se fumó su cigarrito, un vasito de vino y ah La Piojillo es un pueblo salitrero fantasma, allí ejercio las labores del sexo la tía de La Reina Isabel, esa que cantaba rancheras... El guajache es un pelícano que pasa cagando de tanto comer pescado... chao...no va más. Bueno, voy a mi macoña...

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