PATRIAS

Hay dos puntos en la tierra
son Montegrande y Mayab
como sus brocales arden
se les tiene que encontrar.

Hay dos estrellas caídas
a espinales y arenal;
nos las contaran par muertas
en cada piedra de umbral.
El canto que les ardía
nunca dejó de llamar,
y a más andamos, más crecen
como el padre Aldebarán.

Hay dos puntos cardinales:
son Montegrande y Mayab.
aunque los ciegue la noche
¿quién los puede aniquilar?
y los dos alcones vuelan
vuelo de flecha real.

Hay dos espaldas en duelo
que un calor secreto dan,
grandes cervices nocturnas
tercas de fidelidad.
Las dos volvieron el rostro
para no mirar a Cam,
pero en oyendo sus nombres
las dos vuelven para salvar.

No son mirajes de arenas;
son madres en soledad.
Dieron el flanco y la leche
y se oyeron renegar.
Pero por si regresásemos
nos dejaron en señal,
los pies blancos de la ceiba
y el rescoldo del faisán.

PIECECITOS

Piececitos de niño,
azulosos de frío,
¡cómo os ven y no os cubren,
Dios mío!

¡Piececitos heridos
por los guijarros todos,
ultrajados de nieves
y lodos!

El hombre ciego ignora
que por donde pasáis,
una flor de luz viva
dejáis.

Que allí donde ponéis
la plantita sangrante,
el nardo nace más
fragante.

Sed, puesto que marcháis
por los caminos rectos,
heroicos como sois
perfectos.

Piececitos de niño,
dos joyitas sufrientes,
¡cómo pasan sin veros
las gentes!

EL ESTABLO

Al llegar la medianoche
y al romper en llanto el Niño,
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo.

Y se fueron acercando,
y alargaron hasta el Niño
los cien cuellos anhelantes
como un bosque sacudido.

Bajó un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos
como llenos de rocío.

Una oveja lo frotaba,
contra su vellón suavísimo,
y las manos le lamían,
en cuclillas, dos cabritos...

Las paredes del establo
se cubrieron sin sentirlo
de faisanes, y de ocas,
y de gallos, y de mirlos.

Los faisanes descendieron
y pasaban sobre el Niño
la gran cola de colores;
y las ocas de anchos picos,

arreglábanle las pajas;
y el enjambre de los mirlos
era un velo palpitante
sobre del recién nacido...

Y la Virgen, entre cuernos
y resuellos blanquecinos,
trastocada iba y venía
sin poder coger al Niño.

Y José llegaba riendo
a acudir a la sin tino.
Y era como bosque al viento
el establo conmovido...

AMO AMOR

Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡le tendrás que escuchar!

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de mar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!

Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡lo tendrás que hospedar!

Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!

Te echa venda de lino; tú la venda toleras.
Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir!

YO NO TENGO SOLEDAD

Es la noche desamparo
de las sierras hasta el mar.
Pero yo, la que te mece,
¡yo no tengo soledad!

Es el cielo desamparo
si la Luna cae al mar.
Pero yo, la que te estrecha,
¡yo no tengo soledad!

Es el mundo desamparo
y la carne triste va.
Pero yo, la que te oprime,
¡yo no tengo soledad!

GABRIELA MISTRAL (1889-1957) | Presentación

esta nuez del mundo, este límite, esta sed

Gabriela Mistral (seudónimo de Lucila Godoy Alcayaga) nació en la ciudad de Vicuña, el 7 de abril de 1889. Sus padres fueron Juan Jerónimo Godoy Villanueva, profesor, y Petronila Alcayaga Rojas, modista. Fue bautizada en la parroquia de Vicuña con el nombre de Lucila de María. Su padre ejercía como maestro en la escuela de La Unión (hoy Pisco Elqui).

En 1904, a la edad de 15 años, Lucila Godoy fue nombrada ayudante en la Escuela de La Compañía Baja. Ese mismo año comenzó a entregar sus colaboraciones al diario El Coquimbo.

Un año más tarde aparecieron sus primeros escritos en los periódicos El Coquimbo de La Serena y La Voz de Elqui de Vicuña. En 1908 se desempeñó como maestra en la localidad de La Cantera. Ese año figuró en la antología Literatura Coquimbana de Luis Carlos Soto Ayala, quien le dedicó un breve estudio y seleccionó tres de sus prosas poéticas: “Ensoñaciones”, “Junto al mar” y “Carta íntima”. El 23 de julio apareció publicada la poesía “Del pasado”, con la firma de Gabriela Mistral. Fueron estas publicaciones “un tanto paganas y algo socialistas”, según el capellán de la Escuela Normal de La Serena, las que le impidieron ingresar a este establecimiento y así obtener su título de preceptora.

Años más tarde, rindió su examen, según se cuenta, parte en verso, en la Escuela Normal N°1 de Santiago donde se le reconocieron los estudios y conocimientos adquiridos en la práctica escolar. Así, obtuvo el título de maestra primaria. Fue nombrada profesora en un modesto barrio, en el sector poniente de Santiago. Por ese tiempo el diario El Coquimbo publicó su trabajo “Ventajoso canje”, donde destaca la importancia de contar con una ley de instrucción primaria obligatoria, lo que demuestra el enorme interés de Gabriela por la educación de su país.

La Mistral residió en la localidad de Coquimbito, (Los Andes) donde escribió la mayoría de los poemas que dieron forma a su libro Desolación, obra que la proyectó como poeta de relevancia internacional. Desde esta localidad envió a Santiago sus famosos “Sonetos de la muerte”, bajo el seudónimo de Gabriela Mistral y que el 22 de diciembre de 1914 obtuvieron la más alta distinción en los juegos florales, organizados por la Sociedad de Artistas y Compositores.

A partir de esos años, comenzó a colaborar con un importante número de trabajos literarios en los libros de lectura del educador Manuel Guzmán Maturana. Pedro Aguirre Cerda la nombró profesora de Castellano y directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas, donde permaneció hasta 1919. En Punta Arenas puso término a su primer libro de poemas: Desolación. Su obra comenzó a ser reconocida a nivel internacional.

En 1920 fue trasladada a Temuco, con igual cargo. Allí conoció al joven Neftalí Reyes Basoalto (Pablo Neruda).

El 23 de junio de 1922, Gabriela Mistral viajó a México en el vapor “Orcoma”, acompañada de Laura Rodig como secretaria, aceptando la invitación del gobierno de México para colaborar en los planes de la reforma educacional y en la creación de bibliotecas populares. La invitación oficial le fue extendida a instancias del Ministro de Educación de México, el poeta José Vasconcelos. Este mismo año, y bajo los auspicios del director del Instituto de Las Españas de Nueva York, Federico de Onís, se publicó la primera edición de Desolación.

En 1923 apareció en México Lecturas para mujeres. En 1924 viajó por Estados Unidos y Europa. En España se publicó su segundo libro de poemas: Ternura. Gabriela regresó a Latinoamérica y se radicó algunos meses en Chile. En Vicuña, su ciudad natal, las autoridades de la época la declararon Hija Ilustre. En 1930 visitó los Estados Unidos. Allí dictó numerosas conferencias. Luego viajó a Centroamérica y ofreció conferencias y clases en Puerto Rico, Cuba y Panamá. En 1932 inició su carrera consular. Fue nombrada cónsul particular de libre elección. Comenzó en Génova, pero no ejerció su cargo al declarar su posición antifascista. En 1938 inició una nueva gira por América Latina. En Buenos Aires y a instancias de su amiga Victoria Ocampo, publicó su tercer libro Tala. Regresó a Estados Unidos y se radicó un tiempo en Florida. Viajó a Nueva York como huésped de la Unión Panamericana.

En 1939 surgió el interés por su candidatura al Premio Nobel. Se prepararon traducciones de su obra.

Entre los años 1941 y 1945 se instaló en la ciudad de Petrópolis. Aquí se suicidaron, sus grandes amigos Stefan Zweig y señora en 1942 y un año más tarde su sobrino Juan Miguel. En 1945, estando en Petrópolis, Gabriela Mistral recibió la noticia de que le había sido otorgado el Premio Nobel de Literatura para ese año, en virtud a los méritos de la obra literaria y magisterial de toda una vida. El 18 de noviembre se embarcó con destino a Suecia para recibir el galardón. Hjalmar Gullberg, secretario de la Academia Sueca, en su discurso de entrega del premio, expresó: "Gabriela Mistral proyectó su amor maternal sobre los niños a los cuales instruía. Para ellos había escrito sus sencillas canciones y esas rondas reunidas en Madrid en 1924 bajo el título de Ternura. Contrastando con la patética emoción de Desolación, Tala expresa la calma cósmica que envuelve a la tierra sudamericana, cuyo aroma llega hasta nosotros. Henos aquí de nuevo en el huerto de la infancia, de nuevo los íntimos diálogos con la naturaleza y las cosas... Señora Gabriela Mistral: habéis hecho un viaje demasiado largo para un discurso tan corto... Para rendir homenaje a la rica literatura iberoamericana es que hoy nos dirigimos muy especialmente a su reina, la poetisa de Desolación, que se ha convertido en la grande cantadora de la misericordia y la maternidad".

Regresó a Estados Unidos donde recibió numerosos honores; pronto se embarca en Nueva York rumbo a Nápoles. En 1951, en Chile se le otorga el Premio Nacional de Literatura.

En Chile, en 1954, la Editorial Del Pacífico publicó su cuarto libro: Lagar. Luego de una prolongada enfermedad, en el hospital de Hemsptead, Nueva York, falleció Gabriela Mistral el 10 de enero de 1957. Póstumamente aparecieron sus libros de poemas: Motivos de San Francisco en 1965; Poema de Chile en 1967 y Lagar II, entre otros.

De su poesía se puede decir, coincidiendo con lo que expresara Gastón von dem Bussche, que es una búsqueda de la dimensión “total” de cuanto canta. Las experiencias básicas que la provocan: el sentimiento del amor, la significación del mundo y sus elementos, el sentimiento de la muerte, persiguen indudablemente a través de las vivencias temporales la sensación de la eternidad. O como le señaló magistralmente Federico de Onís “El sentimiento cardinal de la poesía de Gabriela Mistral es un anhelo religioso de eternidad”.

El fondo documental de Gabriela Mistral más importante de Chile, se encuentra en el Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional. Compuesto por 562 piezas incluye manuscritos de poesía y prosa, cuadernos, libretas de apuntes y cartas.

En: Memoria Chilena. DIBAM.-